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Este artículo fue desarrollado por Dámaris Edith Cuevas Amaro, estudiante de la Maestría en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, con el objetivo de reflexionar sobre el potencial de ingredientes vegetales locales como alternativas sustentables y nutricionalmente valiosas en la elaboración de bebidas vegetales.
Las bebidas vegetales se han vuelto cada vez más populares como alternativas o sucedáneos de la leche de origen animal, impulsadas por el interés en opciones más saludables, sostenibles y respetuosas con el medio ambiente. Sin embargo, el uso de cultivos como la soya y las almendras en estos productos también presenta desventajas, especialmente por el impacto ambiental asociado a su producción. Por ello, actualmente se busca aprovechar ingredientes locales que no solo aporten beneficios a la salud, sino que también representen una opción más sustentable. Entre estos destacan el maíz pigmentado y el frijol común.
El maíz pigmentado —en particular las variedades nativas de México, como el morado, negro y rojo— es una fuente rica en compuestos bioactivos, principalmente antocianinas, flavonoides y fibra dietética. Estos compuestos no solo aportan color y sabor, sino que también poseen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Además, el uso de maíz nativo en la industria alimentaria puede contribuir a la conservación de las variedades tradicionales y al mantenimiento de la biodiversidad agrícola del país.
El frijol común (Phaseolus vulgaris L.) también representa una alternativa de gran interés. Un estudio reciente de Sánchez-Quezada et al. (2024) reportó el desarrollo de una bebida sucedánea de “leche” elaborada con frijol extruido, enriquecida con hierro y aislado proteico. Los resultados mostraron que el proceso de extrusión mejoró la digestibilidad del almidón y aumentó el contenido de proteína. La bebida fortificada alcanzó entre 3.33 y 3.44% de proteína y entre 3.43 y 4.08% de fibra, valores superiores a los de bebidas comerciales a base de soya. Estos hallazgos colocan al frijol como una fuente prometedora para la formulación de bebidas vegetales con un mejor perfil nutricional, especialmente si se considera que las deficiencias de hierro aún afectan a una parte importante de la población.
De manera similar, el maíz se estudia como una base potencial para el desarrollo de nuevas bebidas, aprovechando procesos tecnológicos inspirados en la elaboración de bebidas tradicionales.
Diversificar las fuentes vegetales para este tipo de productos no solo amplía las opciones disponibles para los consumidores, sino que también puede reducir los riesgos asociados con la monocultura y la dependencia de unos cuantos cultivos. Apostar por materias primas locales como el maíz pigmentado y el frijol común podría fortalecer la seguridad alimentaria, apoyar a los productores regionales y abrir el camino hacia una alimentación más saludable, sostenible y vinculada con nuestras raíces.
Referencias:
1. Sánchez-Quezada, V., Luzardo-Ocampo, I., Gaytán-Martínez, M., & LoarcaPina, G. (2024). Physicochemical, nutraceutical, and sensory evaluation of a
milk-type plant-based beverage of extruded common bean (Phaseolus vulgaris L.) added with iron. Food Chemistry, 453, 139602.
2. Popova, A., Mihaylova, D., & Lante, A. (2023). Insights and perspectives on plant-based beverages. Plants, 12(19), 3345.
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El presente artículo fue desarrollado por María Fernanda Pascual Nicolás, prestadora de servicio social en la Coordinación de Comunicación para la Igualdad de la Dirección de Inclusión e Igualdad de Género para la Cultura de Paz (DIIGEPaz) de la Universidad Autónoma de Querétaro.
Del 22 al 24 de enero se celebró la fiesta patronal de San Ildefonso Tultepec, en Amealco de Bonfil, Querétaro. Esta festividad refleja la riqueza de la vida comunitaria y las tradiciones ancestrales de la región, al fusionar elementos históricos con expresiones contemporáneas. La danza de las pastoras, la vestimenta tradicional y el sistema de cargos conviven con atracciones modernas como juegos mecánicos, puestos de productos y bailes con grupos musicales invitados. La organización estuvo a cargo de los cargueros del Santo Patrono San Ildefonso: el mayordomo y la mayordoma, apoyados por sus basarios (ayudantes cercanos), con la participación de los fiscales, el párroco y el delegado.
La celebración se estructura en tres días clave. El 22 de enero corresponde a la víspera, con la llegada de imágenes sagradas de comunidades vecinas a la casa del mayordomo. El 23 se realiza el intercambio de ofrendas (rosarios) y la misa en honor al santo. Finalmente, el 24 culmina con la puesta en escena de la danza de Moros y Cristianos, seguida de la despedida solemne de las imágenes visitantes.
23 de enero: Donde los santos se reúnen
El momento central del 23 de enero fue el recibimiento de las imágenes sagradas de aproximadamente 40 comunidades, que arribaron a la entrada de la parroquia. Estas figuras veneradas, cargadas con devoción por sus mayordomías, fueron colocadas cuidadosamente dentro del recinto parroquial, conformando un tapiz visual de fe compartida. Cada comunidad preparó rosarios de dulces elaborados con chetos, bombones, pulparindos, bocadines, entre otros, los cuales se intercambiaron como gesto de gratitud y reciprocidad entre los grupos.
Posteriormente dio inicio la procesión. Cada delegación portaba su estandarte, un incensario con copal aromático, flores, rosarios y música tradicional de tambores, violines y cantos que resonaban en el ambiente. El recorrido partió de la parroquia y realizó dos paradas significativas: una en el Calvario y otra frente a la barda parroquial, donde se encuentra una imagen de la Virgen de Guadalupe.
Al regresar al atrio de la parroquia, las comunidades fueron recibidas y, al ritmo de la música, formaron una imponente fila de estandartes ondeantes. Las mayordomías bailaron con gracia junto a sus contrapartes visitantes. La jornada concluyó con la misa mayor en honor a San Ildefonso, un momento de oración colectiva que refuerza el tejido social de San Ildefonso Tultepec.

La construcción identitaria en las mujeres de San Ildefonso
En esta festividad, la vestimenta tradicional cobra vida especialmente en las mujeres, quienes transforman el paisaje con sus trajes multicolores que evocan motivos florales y geométricos de la cosmovisión otomí. Sin distinción de edad —desde niñas hasta abuelas— portan estas prendas con orgullo y elegancia, tejiendo identidad cultural en cada paso. Su papel trasciende la dimensión estética de la comunidad: participan en el sistema de cargos con un protagonismo cada vez mayor, asumiendo decisiones clave junto a los hombres. Además de transmitir saberes ancestrales a las nuevas generaciones, encabezan danzas como la de las pastoras, preservando así la memoria viva de la comunidad en un mundo en constante cambio.
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Este artículo fue desarrollado por las estudiantes Kenia Xiomara Campos Pérez y Karla Paola Hernández Conde, de la Facultad de Enfermería, con el objetivo de reflexionar sobre los retos que implica el embarazo durante la etapa universitaria y su impacto en la vida académica y personal de las estudiantes.
Ser estudiante universitario implica mucho más que asistir a clases o cumplir con actividades académicas. Es una decisión que marca un momento importante en la vida, ya que representa el deseo de crecer, aprender y construir un futuro profesional. Esta etapa no solo se trata de adquirir conocimientos, sino también de desarrollar habilidades, fortalecer el pensamiento crítico y descubrir capacidades personales que muchas veces permanecían desconocidas.
La vida universitaria suele estar llena de retos. En el camino aparecen miedos, dudas e inseguridades, así como la presión por cumplir expectativas propias y ajenas. Al mismo tiempo, surgen ilusiones, metas y sueños que motivan a seguir adelante. Aprender a gestionar estas emociones forma parte del proceso y contribuye al crecimiento personal de cada estudiante.
Cuando a esta realidad se suma una situación adicional, como un embarazo, la carga de estrés se vuelve aún mayor. Vivir un embarazo mientras se continúa con los estudios implica enfrentar dos procesos exigentes de manera simultánea. Para muchas mujeres, esta situación conlleva cambios físicos y emocionales que influyen en su vida cotidiana. El cansancio, las molestias físicas, los cambios de humor y la dificultad para dormir pueden dificultar el cumplimiento de las actividades escolares de la misma forma que antes.
Además de los cambios físicos, las emociones desempeñan un papel fundamental. La preocupación por el futuro, el miedo a no poder continuar con los estudios o a no cumplir con las expectativas propias y de los demás pueden generar ansiedad y estrés. Muchas estudiantes deben aprender a organizar su tiempo entre clases, tareas, citas médicas y responsabilidades familiares, lo cual no siempre resulta sencillo, especialmente cuando no cuentan con apoyo suficiente.
Esta presión constante puede derivar en sentimientos de agotamiento y, en algunos casos, en la consideración de abandonar los estudios. No siempre se trata de falta de interés o compromiso, sino de la dificultad para equilibrar múltiples responsabilidades al mismo tiempo. Cuando las instituciones educativas no ofrecen comprensión, flexibilidad o acompañamiento, la situación se vuelve aún más compleja.
Ante este panorama, resulta importante reflexionar sobre cómo las estudiantes enfrentan la transición hacia la maternidad mientras continúan su formación profesional. Esta etapa implica una reorganización profunda en distintos ámbitos de la vida, ya que no solo transforma las rutinas diarias, sino también la forma en que las jóvenes se proyectan hacia el futuro. Muchas estudiantes comienzan a replantear sus metas personales y profesionales, buscando equilibrar sus aspiraciones académicas con las responsabilidades que implica la llegada de un hijo.
Por ello, es importante el autocuidado mediante el uso de métodos anticonceptivos apropiados para evitar un embarazo no planeado cuando ya se tienen relaciones sexuales. Ante la duda sobre qué opción resulta más conveniente en cada caso, se sugiere acercarse a las diversas áreas de salud de la universidad para contar con la mejor información.
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Este artículo fue desarrollado por la Dra. Ruth Magdalena Gallegos Torres, integrante de la Facultad de Enfermería, con el propósito de visibilizar la realidad del embarazo durante los estudios universitarios y reflexionar sobre la importancia del acompañamiento, la orientación y la corresponsabilidad institucional en la vida académica de las estudiantes.
No se cuenta con un registro exacto del número aproximado de jóvenes que se embarazan durante sus estudios universitarios. Al respecto, el INEGI registró en el país, durante 2024, más de 1,600,000 nacimientos, de los cuales 0.6% correspondió a mujeres de entre 20 y 24 años, es decir, aproximadamente 90,000 jóvenes. En 2023, 44.9% de las mujeres del país, de 20 a 29 años, eran madres.
Las estadísticas son claras: quedar embarazada durante los estudios universitarios es una realidad. Como docentes, tutores, amistades o compañeros, todos hemos sido testigos de estos casos, en los que pocas situaciones son planeadas; con mayor frecuencia ocurre todo lo contrario.
De acuerdo con las políticas de salud del país, es importante “favorecer la mejor toma de decisiones en los jóvenes, una libertad comprometida y el desarrollo de capacidades para una sexualidad responsable”. Por ello, se sugieren las siguientes alternativas para prevenir embarazos no deseados:
· Implementar programas de educación sexual dirigidos a hombres y mujeres.
· Prevenir e identificar la ansiedad en la población estudiantil.
· Establecer mecanismos de cooperación institucional para la atención y prevención del embarazo en estudiantes.
· Crear centros de apoyo ante casos de abandono o rechazo hacia mujeres embarazadas.
· Entre otros.
Nada se logra mediante la imposición. Lo fundamental es escuchar y orientar a quienes solicitan apoyo, u ofrecerlo de manera sutil a quienes se percibe que pueden requerir orientación. Todas y todos podemos contribuir.
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Con más de tres décadas de trayectoria dentro de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), el Mtro. Rafael Oswaldo Silva Mora se ha consolidado como una de las figuras clave en el desarrollo del trabajo artístico con vidrio al interior de la institución. Originario de Guanajuato, su historia profesional está ligada a la Universidad, desde su formación académica hasta su actual labor docente y creativa en la Facultad de Artes.
El Mtro. Silva Mora ingresó a la entonces carrera de Artes Visuales en 1995, donde cursó la Licenciatura en Diseño Gráfico y posteriormente en Artes Plásticas. Su formación se fortaleció con estudios de posgrado en Arte Contemporáneo y una especialización en técnicas gráficas como grabado, litografía y grabado japonés, adquiridas en el Taller de Artes Gráficas del Centro de las Artes de Guanajuato entre 2003 y 2012. Estas experiencias le han permitido participar en exposiciones de alcance estatal, nacional e internacional, siendo una de las más recientes una muestra en Valladolid, España.

Uno de los aportes más relevantes de su trabajo ha sido la adaptación o tropicalización de técnicas tradicionales como la litografía, sustituyendo la piedra europea por mármol y piedra endémica de Querétaro. Esta innovación no solo reduce costos y dependencia de materiales importados, sino que también permite a las y los estudiantes acceder a insumos locales, constantes y sustentables. De manera paralela, ha impulsado el uso de residuos sólidos urbanos, particularmente vidrio, como materia prima para la creación artística, una línea de trabajo que ha sostenido por más de 25 años.
Gracias a este esfuerzo continuo en conjunto con la Mtra. Dolores Julieta Buenrostro Rojas, en la Facultad de Artes fue posible consolidar la línea terminal de Artes del Fuego, denominada así por los procesos de horneado y fundición que caracterizan disciplinas como la cerámica y el vidrio. El taller de vidrio, que en sus inicios tuvo apoyo desde la Facultad de Ingeniería y el área de Diseño Industrial, se consolidó posteriormente como un espacio de experimentación artística, científica y tecnológica, donde se estudian procesos químicos, manipulación de materiales minerales y orgánicos, así como propuestas estéticas contemporáneas.
El taller trabaja principalmente con vidrio flotado de ventana y materiales de desecho, como botellas, que son transformados en piezas ornamentales, bidimensionales y tridimensionales. Más allá de su valor estético, estas obras integran conceptos de identidad, historia y evolución del arte en Querétaro, un estado donde el vidrio ha tenido poca presencia en el ámbito artístico frente a disciplinas más tradicionales como la pintura o la escultura.
Actualmente, el taller desarrolla tres proyectos simultáneos. El primero consiste en una vidriera de carácter sacro, vinculada al arte religioso, cuyo objetivo es ser subastada para generar recursos económicos que se reinviertan directamente en el propio taller. Este proyecto parte de la convicción de que las artes visuales pueden ser generadoras de bienes y servicios culturales, fortaleciendo su autosustentabilidad.
El segundo proyecto tiene un valor académico y simbólico: la reproducción en vidrio de una obra del Mtro. Shinzaburo Takeda, artista oaxaqueño-japonés y docente de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, quien a sus 90 años incursionó por primera vez en la pintura sobre vidrio durante una visita a la UAQ. Esta colaboración dio lugar a una pieza única, elaborada con la participación de estudiantes del taller, que formará parte de un intercambio cultural entre ambas universidades. Solo existirán cinco piezas en el mundo, una para el autor y el resto destinadas a patrimonio universitario y posible colocación en espacios estratégicos.
El tercer proyecto es una vidriera monumental de 22 metros cuadrados destinada a un espacio privado en Balvanera. Concebida como un políptico de cuatro secciones, la obra narra la historia del Valle del Pueblito, integrando elementos como la pirámide del Pueblito, la Virgen del Pueblito, la tradición ganadera y la llegada de la empresa Chipilo a la región, inaugurada por Lázaro Cárdenas. El diseño combina investigación histórica, estética contemporánea e identidad familiar, y su ejecución permitirá fortalecer la infraestructura del taller y beneficiar directamente a futuras generaciones de estudiantes.
Para el Mtro. Silva Mora, la importancia del taller de vidrio en la universidad radica en su capacidad para generar patrimonio cultural universitario. Desde la primera vidriera realizada en la UAQ a finales de los años noventa, ubicada en el el TECAAL, el trabajo en vidrio ha contribuido a dotar a la institución de piezas que fortalecen su identidad visual y simbólica. Albercas, clínicas universitarias y otros espacios han incorporado estas obras, posicionando a la UAQ como una de las pocas universidades del país que integran el vidrio artístico en su arquitectura.
Finalmente, el docente destaca que este espacio no solo forma artistas, sino que también fomenta una conciencia social y ambiental. El uso de materiales reciclados, la reutilización del vidrio y la posibilidad de que las y los estudiantes repliquen estos procesos en talleres caseros promueven una nueva relación con los residuos y con el arte como práctica cotidiana.
“Convertir materiales de desecho en piezas de arte es una forma de transformar también nuestra manera de mirar el mundo”, concluye el Mtro. Silva Mora, quien, entre risas, reconoce que el taller ya les ha quedado pequeño, pero no así la imaginación ni el compromiso con la creación artística en la UAQ.