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Los docentes brindan las herramientas necesarias para que cada estudiante construya su propio criterio. El Mtro. David Antonio Jiménez Morales mantiene esta premisa presente en su labor cotidiana como profesor, pues considera fundamental el impacto social de la docencia, así como la responsabilidad e incidencia del ejercicio periodístico en la sociedad.
Egresado de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo y de la Maestría en Ciencias Sociales, con línea terminal en Estudios Políticos, por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro, cuenta con más de trece años de trayectoria en el gremio periodístico de Querétaro. Su experiencia en Tribuna de Querétaro, medio universitario de la UAQ, fortaleció su formación profesional y lo acercó al ámbito docente.
“Durante mi estancia en Tribuna, convivía mucho con estudiantes de Periodismo. Poder sentarme con ellos para enseñarles aspectos básicos de la redacción de una nota y acompañarlos en sus coberturas, que implicaban un trabajo constante en campo, fue una experiencia que marcó mi camino”, mencionó.
Esta experiencia fue determinante para que decidiera dedicarse también a la enseñanza.
Recibir el Premio Xahni, máximo reconocimiento que la UAQ otorga a los mejores docentes, representa para el Mtro. Jiménez Morales un orgullo muy grande. Aunque al principio no podía creerlo, la celebración significó una experiencia muy especial.
“Creo que en ese momento ves lo que representa: el hecho de que te reconozcan por un tema de excelencia académica, porque fuiste una persona empática, una persona que sabe enseñar, una persona que está formando profesionistas, que los está vinculando al campo laboral y que representa a toda una comunidad muy amplia y crítica como la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales”, agregó.
Ante los cambios constantes en la educación, considera indispensable que los docentes mantengan su capacidad crítica y continúen actualizándose mediante cursos y herramientas que les permitan responder a las necesidades de la sociedad.
“Eso me parece que es algo que yo también he hecho a partir de los cursos de la Dirección de Desarrollo Académico, cursos en materia de nuestro modelo universitario, medio ambiente, perspectiva de género; todo eso nos permite mantenernos como docentes vigentes para esta sociedad”.
La tecnología representa otro reto. Por ello, considera importante mantener una actitud abierta al aprendizaje conjunto con los estudiantes.
“Si alguien llega y le dice: ‘Oye, tengo esta aplicación para el video, esta aplicación para el audio, vamos a explorar y vamos a construir un conocimiento conjunto’, yo creo que eso también ha servido mucho porque es una actualización constante retroactiva. Uno tiene la base teórica, que es clásica y que va a seguir ahí por mucho tiempo, mientras siga siendo el paradigma vigente, mientras los chicos van innovando en la parte práctica”.
A esto se suma el reto de combinar su trabajo como periodista, docente y, en un futuro, investigador. “Es una universidad que te permite seguir formándote, y eso para mí es lo más importante, porque creo que mi evolución docente ha sido muy grande durante los últimos dos años”, explicó.
Por ello, agradece a la UAQ por el apoyo recibido, así como a la Directora de la Facultad, la Dra. Vanesa del Carmen Muriel Amezcua; a la Coordinadora de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo, la Dra. Mariana Chávez Castañeda; y al Secretario Académico, el Dr. Pablo José Concepción Valverde.
“Creo que la riqueza de la universidad pública es el hecho de que tengamos justamente esta universalidad, que aquí entran todas las personas. Yo creo que tenemos una universidad que ha sido muy generosa, una universidad muy buena, pero que también hay que decirle a las autoridades federales y estatales que hay que invertir más en la universidad pública, hay que invertir más en la máxima casa de estudios, porque aquí se están formando los profesionistas del mañana”, agregó el Mtro.
Al hablar de cómo le gustaría ser recordado por sus alumnos, menciona: “Como un docente que estuvo ahí para escuchar, que tenía la preocupación de que todo el conocimiento les quedara impregnado para temas reales y de resolver problemas reales”.
Para finalizar, agradeció a quienes hicieron posible este premio, así como a sus amigos, colegas y al personal de la universidad, al representar a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales en todos los campus de la Universidad.
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La Universidad Autónoma de Querétaro participa en la edición 25 de la Gaceta Nacional Universitaria, dedicada a proyectos que promueven un envejecimiento activo, digno, saludable e incluyente.
La Gaceta UAQ forma parte de las 17 instituciones de educación superior que integran la nueva edición de la Gaceta Nacional Universitaria, titulada “Universidad y vejez: proyectos que transforman la comunidad”, una publicación que coloca en el centro de la conversación universitaria uno de los grandes desafíos sociales de nuestro país: el envejecimiento de la población.
La edición reúne investigaciones, programas y experiencias desarrolladas desde las universidades mexicanas para contribuir al bienestar de las personas adultas mayores, desde ámbitos como la salud, nutrición, prevención, salud mental, tecnología, cuidados, actividad física, arte y participación comunitaria.
La participación de la Gaceta UAQ fortalece el papel de la Universidad Autónoma de Querétaro como una institución que no solo genera conocimiento, sino que también lo comunica, lo conecta con la sociedad y visibiliza proyectos universitarios con impacto social.
A través de esta publicación nacional, la comunidad universitaria queretana se suma a una conversación que trasciende disciplinas y generaciones: cómo construir sociedades donde envejecer sea una etapa acompañada con dignidad, oportunidades y calidad de vida.
La edición 25 de la Gaceta Nacional Universitaria puede consultarse en gacetasuniversitarias.mx/gaceta25 y reúne las aportaciones de instituciones de todo el país.
En esta edición están presentes las universidades de Guanajuato, Colima, Sonora, CETYS Universidad, la Universidad Popular de la Chontalpa, la Universidad Tecnológica de Puebla, las universidades autónomas de Coahuila, Nayarit, Querétaro, Aguascalientes, Hidalgo, Morelos, San Luis Potosí, la Universidad Autónoma del Carmen, la Universidad Autónoma de Guadalajara, la Facultad de Estudios Superiores Aragón y La Salle México.
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Autora: Mtra. María Paulina Krausse
Consejería Comunitaria de la Coordinación de Mecanismos para la Igualdad de Género, adscrita a la Dirección de Inclusión e Igualdad de Género para una Cultura de Paz.
En 2019, según la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, las mujeres apenas ocuparon una quinta parte de los libros publicados en el país. Ese número no es casualidad, la literatura ha sido históricamente un territorio apropiado por las voces masculinas, las cuales han establecidos relatos sobres las mujeres más que desde las mujeres. Basta revisar el canon para comprobarlo: las protagonistas o personajes feminizados han sido moldeados por la mirada del otro, reducidas a objetos de representación, simplificadas y limitadas a los imaginarios, deseos y miedos de quienes las escriben. Vírgenes inalcanzables o depósito de ideales, madres abnegadas, esposas que sólo esperan, y “seres no domesticados” entregados a la naturaleza de los excesos y el placer.
Frente a eso, el Club Salvaje de Lectura y Escritura surge para convocar a leer a aquellas autoras que no sólo escriben desde sus experiencias como mujeres en contextos de violencia, de guerra o territorios colonizados, de mandatos de género o resistencias, sino porque son creadoras de otros sentidos, imaginarios, deseos y representaciones sociales. Samantha Schweblin, Fernanda Melchor, María Fernanda Ampuero, Han Kang, Mariana Enríquez, Pilar Quintana, Liliana Colanzi, Gabriela Jauregui. En sus obras, lejos de buscar consagrarse o de demostrar que las mujeres también “pueden” escribir, se puede observar cómo lo íntimo se vuelve amenaza, cómo la maternidad no es refugio sino algo perturbador y cómo el deseo se desdibuja con lo terrorífico.
Pero la intención de este club es también hacer nuestras propias narrativas como praxis de la mirada crítica y del deseo. Porque no se trata de quedarnos en la admiración ni en análisis literarios, sino de escribir, aunque lo que salga sea desagradable, de ensuciarnos las manos, de perder el miedo a la hoja en blanco. Soltar la mano a través de ejercicios de escritura.
Porque el problema no es sólo que el canon históricamente excluya a las mujeres, sino que existe un imaginario colectivo de que no todos, no todas, no todes podemos escribir, ya que no siempre tenemos el don o el talento, haciendo de la escritura algo reservado para ciertas personas. Donde es casi obligatorio tener el visto bueno de una editorial, ganar un premio, tener padrino, o pertenecer a un gremio. Pero no debería ser así porque es una forma de vida, una práctica cotidiana. Por eso este club plantea la publicación autogestiva y la edición independiente de los textos que vayamos construyendo en el proceso, una antología colectiva. La escritura como acto de desobediencia y la publicación como territorio de autonomía.
Dirigido a estudiantes mujeres y de la comunidad de las diversidades y disidencias de la UAQ, el club se plantea los jueves quincenales en CU, comenzando la segunda semana de agosto. En cada sesión, se explorará una obra y se escribirá. A cargo de la Mtra. María Paulina Krausse desde la Consejería Comunitaria de la Coordinación de Mecanismos para la Igualdad de Género, adscrita a la Dirección de Inclusión e Igualdad de Género para una Cultura de Paz.
Informes:
“No venimos a demostrar que las mujeres también escriben. Venimos a escribir como si se nos fuera la vida en ello”
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Autores: Diana Patricia Díaz García, Feliciano Milián Suazo
Doctorado en Ciencias Biológicas, Facultad de Ciencias Naturales.
El 24 de marzo de 1882, Robert Koch presentó ante la Sociedad de Fisiología de Berlín el aislamiento del bacilo tuberculoso, un hallazgo que abrió la puerta a la comprensión científica de una enfermedad que había afectado a poblaciones durante milenios. Sin embargo, a pesar de los avances médicos alcanzados, la tuberculosis continúa siendo la principal causa de muerte por un patógeno infeccioso a nivel global. La Organización Mundial de la Salud estima que en 2024 fallecieron 1,23 millones de personas por este padecimiento, cifra que sitúa a la tuberculosis entre las diez primeras causas de mortalidad en el mundo y la convierte en la enfermedad más letal para las personas diagnosticadas con VIH.
La persistencia de esta problemática silenciosa no obedece a la falta de conocimiento científico. Desde los descubrimientos de Koch hasta el desarrollo de la vacuna BCG por Calmette y Guérin y la estreptomicina de Selman Waksman, la medicina dispone de herramientas para combatir el agente causal de la tuberculosis. El problema radica, fundamentalmente, en una brecha entre el saber médico y la realidad social, económica y cultural de millones de personas.
En dos puntos geográficos diferentes se evidenciaron patrones similares. En Vanuatu, nación insular del Pacífico, una investigación reveló que el 94 % de los pacientes con tuberculosis desconocía el origen bacteriano de la enfermedad y lo atribuía a factores como el consumo de kava, el alcohol o prácticas tradicionales conocidas como kastom. Esta desconexión entre el conocimiento científico y las creencias populares no es exclusiva de regiones remotas. En Estados Unidos, una encuesta realizada para evaluar el nivel de conocimiento de la población sobre la tuberculosis evidenció que aún persisten conceptos errados acerca de la transmisión de la enfermedad entre los participantes.
Ambos estudios, a pesar de las enormes diferencias socioculturales, convergen en un punto crítico: las concepciones erróneas sobre la enfermedad constituyen barreras invisibles para el diagnóstico temprano y la terapéutica.
De igual manera, la revisión sistemática más reciente sobre obstáculos globales en el acceso al diagnóstico y tratamiento identifica algunas barreras relacionadas, desde la escasez de información hasta el estigma social, pasando por los costos de transporte y la fragmentación de los servicios sanitarios. Estos elementos no interactúan de forma independiente; se refuerzan mutuamente en un círculo vicioso que impacta a quienes son más vulnerables. En Vanuatu, por ejemplo, la consulta previa a curanderos tradicionales provocaba retrasos diagnósticos de hasta dos semanas, mientras que, en contextos urbanos estadounidenses, la invisibilidad de la infección latente dificultaba que los pacientes valoraran la necesidad de un tratamiento prolongado.
También se evidenció el impacto económico asociado al tratamiento de la tuberculosis. Se estima que cerca del 50 % de las familias que enfrentan la tuberculosis incurren en gastos que superan el 20 % de sus ingresos, lo que perpetúa ciclos de pobreza y enfermedad. La resistencia a los medicamentos, derivada de tratamientos incompletos o inadecuados, añade un desafío aún mayor al control de la enfermedad; en 2024, únicamente dos de cada cinco personas con tuberculosis multirresistente tuvieron acceso a tratamientos adecuados.
La tuberculosis, en lugar de ser un problema superado en la historia de la medicina, constituye un desafío contemporáneo que exige respuestas integrales. Erradicarla para 2050, como se ha comprometido la comunidad internacional, requiere no solo avances farmacológicos, sino una transformación en la manera en que los sistemas de salud se conectan con las comunidades, respetando sus saberes tradicionales mientras construyen alianzas efectivas para la promoción, prevención, detección temprana y tratamiento.
La historia de esta enfermedad, que se remonta a las momias egipcias de 2400 a. C., nos recuerda que las batallas contra los patógenos no se ganan únicamente en los laboratorios, sino en la compleja articulación entre ciencia, cultura y justicia social.
REFERENCIAS:
- Barberis, I., Bragazzi, N. L., Galluzzo, L., & Martini, M. (2017). The history of tuberculosis: From the first historical records to the isolation of Koch’s bacillus. J PREV MED HYG, 58.
- Colson, P. W., Franks, J., Sondengam, R., Hirsch-Moverman, Y., & El-Sadr, W. (2010). Tuberculosis knowledge, attitudes, and beliefs in foreign-born and US-born patients with latent tuberculosis infection. Journal of Immigrant and Minority Health, 12(6), 859–866. https://doi.org/10.1007/s10903-010-9338-4
- Organización Mundial de la Salud. (2026). OMS tuberculosis. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/tuberculosis
- Teibo, T. K. A., Andrade, R. L. de P., Rosa, R. J., de Abreu, P. D., Olayemi, O. A., Alves, Y. M., Vaz Tavares, R. B., da Costa, F. B. P., Dias Moura, H. S., Ferezin, L. P., Tártaro, A. F., de Campos, M. C. T., Ribeiro, N. M., Berra, T. Z., & Arcêncio, R. A. (2024). Barriers that interfere with access to tuberculosis diagnosis and treatment across countries globally: A systematic review. ACS Infectious Diseases, 10(8), 2600–2614. https://doi.org/10.1021/acsinfecdis.4c00466
- Viney, K. A., Johnson, P., Tagaro, M., Fanai, S., Linh, N. N., Kelly, P., Harley, D., & Sleigh, A. (2014). Tuberculosis patients’ knowledge and beliefs about tuberculosis: A mixed methods study from the Pacific Island nation of Vanuatu. BMC Public Health, 14(1). https://doi.org/10.1186/1471-2458-14-467
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Autoras: Sandra Patricia Rodríguez, María del Carmen Mejía Vázquez
Doctorado en Ciencias Biológicas, Facultad de Ciencias Naturales.
El objetivo de cualquier ciencia es encontrar respuestas para comprender y explicar algún fenómeno. Para realizar una investigación no es necesario tener un exceso de conocimiento sobre técnicas experimentales o estadísticas, ni dominar un vocabulario muy especializado. En realidad, lo que se necesita es identificar una problemática o incógnita, estructurar una posible solución, recopilar información sobre el tema y, con base en ello, diseñar un modelo práctico que permita comprobar si lo que nos planteamos en un inicio es correcto o no (Arteaga y Fernández, 2010; Argimon y Jiménez, 2019).
La investigación clínica tiene varias fases (preclínica, I, II, III y IV). En la fase preclínica, cuando se está desarrollando un fármaco, este se administra a diferentes especies animales, como el ratón, la rata, el hámster, el cobayo, el jerbo y el canino doméstico (perro). Esto tiene como objetivo principal determinar la seguridad y la actividad biológica de un fármaco antes de su uso en el ser humano (Argimon y Jiménez, 2019).
Sin embargo, existe un tabú sobre la utilización de animales como modelo experimental para la realización de esta fase de la investigación.
La ética como base de la investigación
Los protocolos de investigación son sometidos a una evaluación por un comité de Bioética, el cual se encarga de verificar que los animales se encuentren en condiciones adecuadas según la norma mexicana NOM-062-ZOO-1999. Esta menciona que las instalaciones para los animales deben contar con condiciones adecuadas de espacio, higiene, iluminación, ventilación, humedad, alimentación y temperatura, para que el animal esté libre de estrés.
El uso de animales tiene que ser con la finalidad de diagnosticar, prevenir o tratar enfermedades. Por otro lado, la norma establece que todos los procedimientos dolorosos se realizarán bajo las condiciones idóneas de anestesia y analgesia (NOM-062-ZOO-1999).
La importancia del perro como modelo experimental
El perro es el espécimen previo al uso de fármacos en humanos en el desarrollo de medicamentos, debido a sus similitudes histológicas y fisiológicas, así como a su fácil manejo. Hay un sinnúmero de enfermedades de carácter fisiopatológico similares entre ambas especies, por lo que se pueden compartir tratamientos con los ajustes adecuados de dosis y frecuencia.
Las investigaciones que utilicen al perro como modelo experimental deben cumplir con todas las especificaciones antes mencionadas en la NOM-062-ZOO-1999. Además, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud Animal (OIE), los perros utilizados para proyectos de investigación tienen que estar libres de hambre, sed, desnutrición, temor, angustia, molestias físicas, dolor y lesiones, y tienen que ser libres de manifestar un comportamiento natural (OIE, 1965).
Conclusión
La investigación es fundamental para mejorar la calidad de vida de una población al realizar avances en las tecnologías para el diagnóstico, la prevención y el tratamiento de enfermedades. Como resultado, optimiza la economía de un país al mejorar la salud pública y promover un menor presupuesto destinado a tratamientos ineficientes.
Es importante que se tenga conocimiento de lo que en verdad conlleva el uso de animales en un proyecto de investigación, principalmente en el caso del perro como modelo experimental, para no promover la divulgación de información poco certera que pueda llegar a afectar la aplicación de proyectos y, como consecuencia, el avance de la sociedad.
Referencias:
- Argimon P. J. M. y Jiménez V. J. (2019). Métodos de investigación clínica y epidemiológica. Cap. 1. Principios generales de investigación. El proceso de la investigación clínica y epidemiológica (pp. 3-19). Barcelona, España: ELSEVIER.
- Arteaga H. J. y Fernández S. J. (2010). El método clínico y el método científico. MediSur, 8(5), 12-20.
- Normas internacionales de la OIE sobre bienestar animal. (1965). Cinco libertades sobre los derechos de los animales.
- Norma Oficial Mexicana NOM-062-ZOO-1999. Especificaciones técnicas para la producción, cuidado y uso de los animales de laboratorio.
- Vega G. P. y López B. R. (2014). Ética en la investigación clínica. Rev. Chil. Anest., 43(4), 361-367.