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La Universidad Autónoma de Querétaro se convirtió en un punto de encuentro para el análisis de algunos de los desafíos más relevantes de nuestro tiempo: el impacto de la inteligencia artificial, la transformación digital de las instituciones públicas y el papel de la tecnología en la toma de decisiones. Del 16 al 19 de abril, estudiantes de diversas regiones del país participaron en el Congreso Nacional ANECPAP Querétaro 2026, bajo el tema “Política y algoritmos: gobernanza inteligente para la sociedad del futuro”.
Organizado por el Comité Local Josefa Ortiz de la Asociación Nacional de Estudiantes de Ciencias Políticas y Administración Pública (ANECPAP), el encuentro reunió a jóvenes interesados en las ciencias sociales para dialogar sobre los cambios que las nuevas tecnologías están generando en la vida pública y en el ejercicio de gobierno.
La ceremonia inaugural contó con la presencia de autoridades universitarias y representantes de la organización estudiantil, entre ellas la rectora de la UAQ, Silvia Amaya; la directora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Vanessa del Carmen Muriel Amezcua; así como integrantes del Comité Nacional de la ANECPAP. Su participación destacó la relevancia de generar espacios donde las y los estudiantes puedan analizar los retos políticos, sociales y tecnológicos que marcarán el futuro de las instituciones.
Para Juan Esteban Moncada Merino, conocido como Teban Moncada, estudiante de la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública de la UAQ y actual secretario general del Comité Ejecutivo Nacional de la ANECPAP, este tipo de encuentros representan una oportunidad para fortalecer los aprendizajes que se desarrollan en las universidades y enriquecerlos mediante el intercambio de experiencias con estudiantes de distintas regiones del país.
“Nos dedicamos a fortalecer los aprendizajes que se dan en las distintas universidades públicas en materia de ciencias sociales. La ventaja que nos da ser una asociación nacional es que podemos compartir distintas perspectivas”, explicó.
A lo largo de cuatro días, las y los asistentes participaron en conferencias, talleres y espacios de discusión enfocados en temas como la gobernanza algorítmica, la comunicación política, la investigación legislativa, la desinformación y los efectos de la inteligencia artificial en la vida pública. Las actividades permitieron reflexionar sobre la manera en que las tecnologías digitales están transformando los procesos de gobierno y los desafíos éticos que acompañan estos cambios.

Entre las ponencias destacaron los análisis sobre la construcción de sistemas digitales en las instituciones públicas, el uso de la inteligencia artificial en la toma de decisiones y el impacto de las noticias falsas en los procesos democráticos. Desde distintas perspectivas, especialistas y estudiantes coincidieron en la necesidad de desarrollar una mirada crítica frente a las herramientas tecnológicas que cada vez tienen mayor influencia en la sociedad.
Más allá de las actividades académicas, el congreso también propició espacios de convivencia e intercambio cultural. Las y los participantes realizaron recorridos por sitios emblemáticos del estado, como la Peña de Bernal y los viñedos de la región, fortaleciendo los vínculos entre estudiantes provenientes de distintos contextos y universidades.
El encuentro concluyó en el Auditorio Fernando Díaz Ramírez con una ceremonia de clausura en la que se reconoció el trabajo del comité organizador y la participación de las y los asistentes. Asimismo, se presentó al nuevo Comité Nacional de la ANECPAP, marcando el cierre de una edición que reafirmó la importancia del diálogo académico y la colaboración estudiantil para comprender los retos que enfrentan las ciencias sociales en un entorno cada vez más influido por la tecnología.

Al albergar este tipo de iniciativas, la UAQ fortalece su papel como espacio para el intercambio de ideas y la construcción de conocimiento colectivo, promoviendo la reflexión crítica sobre temas que definirán el futuro de la sociedad y de las instituciones públicas. Como señaló Teban Moncada, la riqueza de estos encuentros radica en la posibilidad de conocer cómo se estudian y comprenden los asuntos públicos en distintas universidades del país. Al reunir perspectivas diversas, el Congreso Nacional de la ANECPAP se consolida como un espacio donde las y los estudiantes fortalecen su formación académica, intercambian experiencias y ponen a prueba sus conocimientos en un ejercicio que, más allá del aula, funciona como un verdadero laboratorio de aprendizaje para las ciencias sociales y la construcción de soluciones a los desafíos contemporáneos.
*Créditos de fotografías: Ernesto Balderas
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Para el Mtro. Carlos Iván Morales Bárcenas, la enfermería y la docencia comparten una misma esencia que es el cuidado. Cuidar a los pacientes, cuidar a los estudiantes y, sobre todo, cuidar la formación de quienes algún día tendrán en sus manos la salud de otras personas.
Egresado de la Licenciatura en Enfermería de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), Campus San Juan del Río, especialista en Cuidados Intensivos por la Universidad Nacional Autónoma de México y en Administración y Gestión de los Servicios de Enfermería por la UAQ, el Mtro. Morales Bárcenas ha construido una trayectoria marcada por la preparación constante, la cercanía con sus estudiantes y el compromiso con una atención de salud más humana.
A cinco años de incorporarse como docente de la Facultad de Enfermería, su nombre forma parte de los galardonados con el Premio Xahni 2026, el máximo reconocimiento que la UAQ otorga a su labor docente. Sin embargo, para él, el verdadero origen de ese reconocimiento se encuentra mucho antes de recibir cualquier premio.
Cuando recuerda los momentos que definieron su vocación, piensa inevitablemente en los maestros que marcaron su formación profesional. Entre ellos destaca a la Mtra. María Luisa Leal Correa, quien le abrió las puertas de la facultad y lo impulsó a iniciar su camino en las aulas, así como la Mtra. María Luisa Ballesteros. Aquellas figuras docentes no sólo le enseñaron conocimientos, sino que le mostraron el tipo de profesor que algún día quería llegar a ser.
Aunque siempre soñó con dedicarse a la enseñanza, fue la experiencia profesional en los servicios de salud la que terminó por darle sentido a ese anhelo. Al observar las dificultades que enfrentan muchos profesionales al incorporarse al campo laboral, identificó la necesidad de fortalecer la formación humana y ética de quienes brindan atención a los pacientes. “Quise involucrarme en la formación de los estudiantes para tratar de cambiar las cosas y que se hagan de una mejor manera”, explica.
Esa convicción se ha convertido en el eje de su trabajo docente. En este sentido, desde su punto de vista, la educación no consiste únicamente en transmitir conocimientos técnicos; implica formar profesionales capaces de comprender que detrás de cada procedimiento existe una persona que requiere atención, empatía y respeto.
Paradójicamente, en ese proceso de enseñanza también ha sido él quien más ha aprendido. El Mtro. Carlos Iván reconoce que sus estudiantes han transformado su manera de ver la vida. El diálogo cotidiano con ellos le ha permitido comprender que la educación es un proceso compartido, donde docentes y alumnos crecen juntos.
“Ellos tienen el futuro de la salud en sus manos”, afirma. Por ello, considera que cada clase representa una oportunidad para aportar un pequeño pero significativo elemento a la formación de quienes serán los profesionales responsables del bienestar de miles de personas.
Entre las experiencias que más han marcado su carrera existe una que guarda un significado especial. Hace un año perdió a su madre, una figura fundamental en su vida. Durante mucho tiempo ella lo acompañó a la facultad y conoció de cerca el vínculo que había construido con sus estudiantes.
Tras su fallecimiento, recibió de ellos muestras de afecto y solidaridad que nunca olvidará. Los abrazos, las palabras de apoyo y la empatía que encontró en sus alumnos durante uno de los momentos más difíciles de su vida le confirmaron que la relación construida dentro del aula trasciende los contenidos académicos.
Aquella experiencia reforzó su convicción de que la empatía es un valor que ningún docente universitario debería perder.
En una época marcada por cambios constantes en los modelos educativos, considera que comprender las realidades individuales de cada estudiante resulta indispensable para generar aprendizajes significativos. “Cada cabeza es un mundo”, señala, convencido de que la cercanía humana sigue siendo una de las herramientas más poderosas para enseñar.
La noticia de haber sido elegido para recibir el reconocimiento llegó de manera inesperada mientras se dirigía a su trabajo. Al leer el correo, una serie de recuerdos acudieron de inmediato a su mente, especialmente las palabras que su madre le repetía cuando observaba las largas jornadas de estudio y trabajo que asumía día tras día. “Todo este esfuerzo que estás haciendo va a tener una recompensa”, le decía.
La emoción fue inevitable. Más que un reconocimiento individual, el premio se convirtió en una confirmación de que los sacrificios, las horas de preparación y el compromiso con sus estudiantes han tenido sentido. Este galardón lo impulsa a seguir preparándose, actualizándose y buscando nuevas herramientas para ofrecer una mejor formación a quienes pasan por sus aulas.
Cuando habla del legado que espera dejar, no menciona premios ni logros profesionales. Su deseo es que sus estudiantes recuerden a un maestro que los escuchó, que comprendió sus necesidades y que los inspiró a seguir creciendo.
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Esta nota fue desarrollada por la Mtra. Flor Alicia Rodríguez Vázquez, Coordinadora de Gestión Educativa para una Cultura de Paz UAQ.
La construcción de la paz en la UAQ responde a una necesidad sentida de hacer consciente entre la comunidad universitaria y la sociedad en general, la transformación de nuestras formas de relacionarnos y de gestionar nuestros conflictos para vivir en ambientes más seguros y dignos, donde los derechos de todas las personas sean respetados y vivenciados. En este sentido, el trabajo de la UAQ en favor de la paz, es consecuencia de la evolución institucional transitando de un modelo meramente reactivo ante el conflicto, a uno más preventivo y reeducativo.
Si bien la UAQ, ya contaba con áreas específica para la atención a la violencia de género (UAVIG) y los derechos humanos (UNIDHOS). No fue sino hasta 2020 cuando con un enfoque reeducativo y preventivo, se crea la Coordinación de Gestión Educativa para la Cultura de Paz (CGECP). Desde donde se identificó que, para que la paz fuera sostenible en la UAQ, debía transversalizarse en la vida cotidiana de las y los universitarios. Es así que, una de las estrategias fue la formación constante y permanente en las temáticas que abarca la construcción de una cultura de paz a través del programa virtual “Viernes de formación para una Cultura de Paz de la UAQ” cuyo enfoque es ser un espacio para crear comunidad, a partir del interés de quienes asisten para aprender respecto a temas de paz y poner en práctica o hasta replicar, las buenas prácticas que ahí se comparten, de manera altruista y voluntaria, por ponentes de diversos ámbitos. Lo que ha hecho del programa una estrategia invaluable que se ha sostenido en el tiempo por más de 6 años ininterrumpidos.
Para dimensionar el impacto de la estrategia de paz de la UAQ, es elemental distanciarse de la versión simple, concreta e inamovible de que la paz es la ausencia de guerra. La propuesta filosófica contemporánea, define a la paz como una realidad dinámica, diversa y, sobre todo, construible. El primero en proponer algo distinto fue Johan Galtung (2003), quien introdujo el concepto de “paz positiva”, definiéndola como la superación de las violencias estructurales y culturales. En este sentido, se ha consolidado la propuesta de “las muchas paces”, de Wolfgang Dietrich (2006), reconociendo que existen tantas formas de vivir y construir la paz como culturas, contextos e identidades hay en el mundo. Complementando esta visión, John Paul Lederach (1998) para quien construir la paz es un proceso de "reconciliación sostenible" y transformación creativa de las relaciones humanas. Finalmente, Francisco A. Muñoz (2001) aporta el concepto de “paz imperfecta”, que nos invita a reconocer que la paz ya existe a nuestro alrededor en las pequeñas mediaciones de la vida diaria, conviviendo con el conflicto.
Lo que comenzó como una reinvención del trabajo para la paz durante la pandemia de 2020, cumple 6 años ininterrumpidos de transmisiones. Durante este tiempo, se han presentado más de 220 conferencias, pláticas y conversatorios en temáticas diversas que contribuyen a la construcción de la cultura de paz, con la participación de más de 80 ponentes, provenientes de más de 35 Universidades, Instituciones de Educación Superior (IES), Instancias Gubernamentales y personas de la Sociedad Civil Organizada. Entre las personas asistentes a las transmisiones de cada viernes, se encuentran personas no solo de México, sino de Brasil, Argentina, Chile, entre otros.
Una de las aportaciones más significativas de los “Viernes de Formación”, es que su impacto no es solamente durante la transmisión en vivo de la conferencia de cada viernes, sino que, todas las ponencias quedan colgadas de manera permanente, en el canal de YouTube de la Dirección de Inclusión e Igualdad de Género para la Cultura de Paz de la UAQ; Observatorio DIIGEPAZ.
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Foto por Agencia de Comunicación Universitaria UAQ
La Universidad Autónoma de Querétaro continúa fortaleciendo su compromiso con la calidad educativa y la mejora continua. Esta semana, la institución recibió a representantes de los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior como parte del proceso para refrendar su acreditación institucional, uno de los reconocimientos más importantes en materia de educación superior en el país.
La visita reúne a especialistas y pares evaluadores que analizarán distintos aspectos del funcionamiento universitario, desde la formación académica y la gestión institucional, hasta el impacto social y el desarrollo de la comunidad universitaria. Para las y los estudiantes, este proceso representa mucho más que una evaluación: significa el respaldo a una universidad que busca mantenerse a la altura de los retos educativos actuales
Durante el inicio de actividades, la rectora Silvia Amaya Llano destacó que este ejercicio permite consolidar la excelencia educativa y reafirma el compromiso social de la UAQ con Querétaro y el país.
Previo a esta etapa, la Universidad realizó una revisión interna que integró ocho ejes, 26 categorías y 93 indicadores, además de reunir cientos de evidencias académicas y administrativas que reflejan el trabajo de toda la comunidad universitaria.
La evaluación contempla visitas presenciales en Centro Universitario y campus Amealco, así como entrevistas con estudiantes, docentes, directivos, egresadas, egresados y representantes del sector empleador. La intención es conocer directamente cómo se vive la formación universitaria dentro y fuera de las aulas.
Más allá de los indicadores y documentos, este proceso también visibiliza algo fundamental: la construcción diaria de una universidad pública que apuesta por la calidad, la inclusión, la investigación y el crecimiento de sus estudiantes.
Para la comunidad universitaria, esta evaluación es también una oportunidad para demostrar que la UAQ no solo forma profesionistas, sino que impulsa proyectos de vida, pensamiento crítico y transformación social.
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Para Imelda Gisselle Valero Vázquez, estudiante de segundo semestre de la Licenciatura en Ciencias de la Seguridad de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), la oratoria representa mucho más que hablar frente a un público. Es una herramienta para compartir ideas, construir diálogo y demostrar que la voz también puede convertirse en una forma de liderazgo.
Su gusto por la expresión oral nació desde temprana edad. Siempre tuvo interés por participar en concursos de oratoria y desarrollar habilidades para argumentar y comunicar sus pensamientos. Este año decidió dar un paso importante y participar en el Concurso Estatal de Oratoria Querétaro 2026, organizado por el Movimiento Construir y la UAQ, en donde obtuvo el primer lugar. Esta experiencia terminó por convertirse en uno de los logros más significativos de su trayectoria académica hasta ahora.
Para poder ingresar al concurso debía cumplir con un requisito indispensable, que fue mantener excelencia académica. Imelda explicó que alcanzar el promedio solicitado fue el primer reto dentro de este proceso. Después vino la preparación para la competencia, que implicó lectura, análisis y práctica constante para fortalecer tanto sus conocimientos como su capacidad de argumentación.
“Para muchas personas puede ser un simple concurso, pero no fue así”, expresó. Detrás de su participación hubo horas de preparación y un profundo compromiso con cada etapa del certamen, especialmente durante las rondas de argumentación improvisada, en las que debía construir respuestas de manera inmediata a partir de sus conocimientos y experiencia.
El tema que presentó fue la brecha generacional, una reflexión sobre la importancia de mantener el diálogo entre jóvenes y personas adultas frente a los cambios sociales y tecnológicos de la actualidad. En su discurso destacó valores como el respeto, la tolerancia y la empatía, convencida de que el trabajo conjunto entre generaciones puede fortalecer a la sociedad.
“Si hacemos esa sinergia vamos a lograr muchísimo más que separándonos”, comentó. Para ella, herramientas actuales como la inteligencia artificial no deben convertirse en motivo de división, sino en oportunidades para colaborar y aprender colectivamente.
Su desempeño la llevó a obtener el primer lugar en el Concurso Estatal de Oratoria, logro que asumió con orgullo y responsabilidad al representar a la UAQ. “Me siento muy orgullosa al ser alumna de la Universidad”, señaló. Además, destacó que su formación en Ciencias de la Seguridad le ha permitido ampliar su panorama y fortalecer sus capacidades para defender ideas y participar activamente en distintas causas sociales.
Imelda también colabora en iniciativas relacionadas con movilidad, feminismo, protección animal y apoyo a grupos vulnerables. Desde su experiencia, considera que la oratoria permite generar conciencia y abrir espacios de participación para más personas.
“La oratoria es una herramienta muy importante para defender tus causas o lo que deseas”, afirmó. Por ello, uno de los mensajes que más busca transmitir a la comunidad universitaria es la importancia de confiar en las propias capacidades y atreverse a participar. Para ella, ningún logro es pequeño, especialmente cuando detrás existe esfuerzo, disciplina y perseverancia.
Orgullosa de ser la primera mujer trans en ganar este concurso, Imelda se ha dedicado a apoyar a este grupo frente a la discriminación. “Este fue el primer año en el que participo legalmente con mi identidad sexo-genérica; es decir, tengo el nombre con el que me identifico”, expresó.
Además del reconocimiento estatal, recientemente obtuvo también el primer lugar en otro concurso de oratoria dentro de su facultad, experiencia que confirmó el papel que esta actividad tiene en su vida. “La oratoria es mi pasión, la amo bastante”, compartió.
Más allá de los premios, Imelda considera que cada participación representa una oportunidad para crecer, aprender y motivar a otras personas a desarrollar su voz y expresar sus ideas con libertad y seguridad. Su historia refleja cómo la dedicación académica, la preparación constante y la convicción personal pueden transformar una pasión en una plataforma para inspirar a los demás.