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Concurso de Calaveritas Literarias Gaceta UAQ

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Publicado: 01 Octubre 2025
Visitas: 1945

Participa enviando tu calaverita a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Campus Amealco UAQ: 20 años de historia y comunidad universitaria

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Publicado: 25 Septiembre 2025
Visitas: 1038

Por M. en Lit. Noelia Rodríguez Piña


Amealco luce sus mejores galas cuando se viste de neblina en las lloviznas de septiembre. Las peras y las manzanas perfuman el ambiente de las huertas familiares. Las personas caminamos más lentamente que en primavera y nos abrigamos con mayor atención. En este mes, las tormentas se terminan y dejan ciertos días de bruma que nos mueven a beber un café caliente o un chocolate con leche. Las temperaturas bajan con certeza. La tierra roja se siente orgullosa y fértil para cubrirse del otoño.

En este marco fragante y festivo, la Universidad Autónoma de Querétaro sembró las primeras semillas en la tierra bermeja del Sur del Estado. 

Era un lunes 19 de septiembre de 2005, cuando las puertas de las primeras tres aulas del único edificio en el Campus Amealco de la primera Universidad llegada al pueblo, se abrieron para recibir a 126  estudiantes.

55 alumnos en Profesional Asociado en Derecho, 50 en Profesional Asociado en Administración y 21 en Profesional Asociado en Recursos Naturales para la Alimentación. La misión era cumplir dos años y obtener su título.  Sin embargo, por el interés de los estudiantes y la iniciativa de nuestro primer coordinador del Campus, el M. en C. Arturo Arana Juaristi, los programas de Profesional Asociado evolucionaron prontamente al nivel licenciatura de las Facultades de Derecho, Contaduría y Administración, e Ingeniería. 

Los Directores de las Facultades y la Rectoría en turno, habían mostrado confianza y apoyo en el incipiente Campus Amealco.

Con el paso del tiempo, los programas y oferta académica se fueron ampliando para el interés de la población en general. En 2010, se abrieron cursos de lenguas: inglés, francés y otomí, de la Facultad de Lenguas y Letras. En 2013, inició la Licenciatura en Desarrollo Local de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. En 2014 inició el Bachillerato semiescolarizado que en 2021 se convirtió en Bachillerato Mixto, y en 2019 inició el Bachillerato Escolarizado.

Las condiciones físicas del Campus han evolucionado bajo la administración de siete Coordinadores Generales hasta la fecha y el paso de varios Coordinadores Académicos, quienes en conjunto han hecho crecer las condiciones de los espacios para resolver las necesidades inminentes de la vida estudiantil.  

Actualmente, en un rápido recorrido por la historia del Campus, podemos decir que han egresado por lo menos 16 generaciones de los programas más antiguos. Y que nuestro Campus atiende el día de hoy a 729 estudiantes de nivel bachillerato, licenciatura y cursos de lengua, empleando así al personal docente y administrativo que acompaña con distintos servicios como biblioteca, centro de cómputo, atención psicopedagógica, atención médica, protección civil, seguridad universitaria, caja de ingresos, intendencia, mantenimiento, transporte, y la atención para todo tipo de trámites administrativos en la comunidad que hemos creado con el paso del tiempo. 

El Campus Amealco es un espacio lleno de esperanzas y libertad, metas alcanzadas y decisiones de cada día que nos encaminan a formar profesionistas que se desempeñan en toda la zona sur de Querétaro y en los Estados aledaños para beneficio de sus familias y de sus comunidades con responsabilidad universitaria y compromiso humanista. 

Nuestro Campus goza de la frescura y la inquietud de los 20 años.  Tiene un largo camino para proponer, aprender, compartir, revolucionar, pero sobre todo para servir. 

Optometría en comunidad

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Publicado: 25 Septiembre 2025
Visitas: 706

El servicio social representa para los estudiantes universitarios una oportunidad única de aplicar sus conocimientos, aprender de la realidad social y devolver algo de lo recibido a través de la educación pública. Así lo vivió Marbella Sarahí Sánchez Vallejo, estudiante de tercer semestre de la Licenciatura en Optometría de la Universidad Autónoma de Querétaro, quien decidió unirse a un voluntariado en la comunidad de Soriano, Colón, a través de la Unidad Médica Universitaria de la UAQ.

Su motivación nació de manera sencilla pero significativa: una amiga compartió con entusiasmo la experiencia de participar en un voluntariado en esa región, y la emoción fue suficiente para despertar en Marbella la inquietud de sumarse. Aunque ya había escuchado antes sobre estas actividades, no había considerado participar hasta ese momento. Esa decisión la llevaría a encontrarse con una experiencia transformadora tanto en lo personal como en lo académico.

El objetivo del proyecto en el que participó fue claro: llevar información y atención en materia de salud visual a una comunidad con escaso acceso a este tipo de servicios. Marbella recuerda que, al llegar, enfrentaron la falta de difusión sobre su presencia, lo que generó desinformación entre los habitantes. Uno de los hallazgos que más le impactó fue descubrir que en el tianguis local se vendían gotas supuestamente para tratar problemas como el pterigion o las cataratas, afecciones que en realidad solo se solucionan con cirugía. El riesgo era evidente: las personas confiaban en remedios que no solo resultaban ineficaces, sino que podían derivar en complicaciones graves como infecciones.

Durante su estancia, Marbella y su equipo realizaron cuatro pláticas: dos dirigidas a adultos mayores, una a niños pequeños de entre siete y nueve años, y otra a adolescentes de 15 a 19 años. En total, lograron impactar a alrededor de 157 personas. Además de transmitir conocimientos sobre salud visual, estas actividades les permitieron convivir con la comunidad y generar confianza. Una experiencia que la marcó especialmente fue visitar a los niños durante una práctica de basquetbol; aquella escena le recordó su propia infancia y a su entrenador, quien falleció durante la pandemia por Covid-19. Ese momento de conexión emocional reafirmó para ella el valor humano de su voluntariado.

El proceso no estuvo exento de retos. La falta de información inicial sobre su llegada hizo que las primeras sesiones tuvieran poca afluencia, por lo que idearon una estrategia de difusión a través de volantes con datos interesantes sobre el ojo

humano, los cuales repartieron en el centro de la comunidad. Poco a poco, lograron mayor participación y la iniciativa comenzó a ganar fuerza. Para Marbella, la experiencia representó también una oportunidad de aplicar lo aprendido en sus primeros semestres, pues pudo relacionar la teoría vista en clase con prácticas clínicas preliminares.

El proyecto denominado “Promoción de la Cultura de la Salud”, llevado a cabo en la localidad de Soriano en el municipio de Colón, tuvo como objetivo ejecutar actividades de promoción y prevención en la salud, así como elaborar productos resultado de dichas actividades que proporcionaran competencias y herramientas a la población local para tomar decisiones sobre su salud. Estuvo a cargo del coordinador de Sociomedicina, Gustavo Herrera García, y de la Dra. Santa María del Consuelo Álvarez Molina, de la Facultad de Medicina.

Las estudiantes que formaron parte de esta brigada fueron: Avirah Tobón Vázquez, Catalina Baltazar Colín, Lucía Itzamar Ruiz Montoya, Luna Jimena Tejeda González, Marbella Sarahí Sánchez Vallejo y Nadia Ivonne Corona Lugo, todas de la Licenciatura en Optometría de la Facultad de Medicina.

Desde la perspectiva de los docentes, la importancia de estas experiencias es incuestionable. La Dra. Santa María del Consuelo Álvarez Molina, coordinadora del área de Optometría, señala que llevar a los estudiantes al campo les permite desarrollar habilidades clínicas que difícilmente podrían adquirir únicamente en el aula. Reconocer anomalías visuales, diferenciar problemas que requieren atención inmediata y aprender a trabajar con lo mínimo indispensable son aprendizajes que los preparan para escenarios reales donde la alta tecnología no siempre está disponible.

Por su parte, el coordinador de Sociomedicina, Gustavo Herrera García, subraya la dimensión social de estos proyectos. Más allá de la atención clínica, se busca que los estudiantes adquieran sensibilidad hacia las necesidades de la población, que comprendan la importancia de la prevención y la educación, y que se formen como profesionales resolutivos y con capacidad de liderazgo. Según él, experiencias como esta ayudan a que los jóvenes se enfrenten a realidades distintas a las de la ciudad y a que desarrollen competencias esenciales para su futuro profesional.

Los docentes coinciden en que los retos son múltiples, desde convocar a los estudiantes hasta motivarlos a salir de la comodidad de la clínica universitaria. Sin embargo, destacan el entusiasmo y la responsabilidad mostrada por el grupo que participó en Soriano. La Dra. Álvarez Molina expresa orgullo al ver a seis estudiantes —todas mujeres jóvenes— enfrentarse a un entorno desconocido, gestionar recursos y resolver imprevistos con autonomía. Herrera, por su parte, considera

que ese compromiso hace que la Licenciatura en Optometría sea una de las más activas en proyectos comunitarios y que las instituciones vuelvan a solicitar su participación en nuevas iniciativas.

La experiencia de Marbella refleja que el servicio social no es solo un requisito académico, sino una vivencia que deja huellas profundas. Al recordar el entusiasmo de los niños, la apertura de los adultos mayores y la disposición de su equipo para superar dificultades, reconoce que lo aprendido trasciende las aulas y fortalece tanto su formación profesional como su desarrollo humano.

Los proyectos comunitarios en optometría, además de brindar atención a quienes más lo necesitan, permiten que los estudiantes descubran nuevas facetas de sí mismos, afiancen sus conocimientos y se sensibilicen con realidades distintas a las suyas. En palabras de los propios docentes, este tipo de actividades abre puertas, amplía horizontes y siembra en los futuros profesionistas el compromiso con la sociedad que los formó.

Nanotecnología contra el cáncer

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Publicado: 18 Septiembre 2025
Visitas: 654

El cáncer colorrectal, que afecta al colon y al recto, es uno de los tipos de cáncer más comunes y agresivos a nivel mundial. De acuerdo con cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en México se registran cada año alrededor de 15 mil casos nuevos y aproximadamente 6,500 muertes, lo que lo coloca como el tercer tipo de cáncer más frecuente, después del cáncer de pulmón y de mama. Esta enfermedad representa un grave problema de salud pública, no solo por su alta incidencia, sino también por la resistencia que suele presentar a los tratamientos convencionales, como la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia, los cuales afectan tanto a células enfermas como a células sanas, provocando severos efectos secundarios en los pacientes.

Frente a este panorama, un grupo multidisciplinario de investigadoras e investigadores del Centro de Investigación en Biomedicina Aplicada (CIBA) desarrolla un innovador proyecto apoyado por el programa FOPER, cuyo objetivo es crear alternativas más específicas y menos invasivas para el tratamiento del cáncer colorrectal. El equipo está conformado por la Dra. Haydé Azeneth Vergara Castañeda, la Dra. María de los Ángeles Cuán Hernández, el Dr. Jorge Domingo Mendiola Santibáñez, el Dr. Rufino Nava Mendoza, y las estudiantes Fátima Selene Xocoyotl López, del doctorado en Ciencias de Biomedicina, y Diana Martínez Miranda, de la licenciatura en Nanotecnología.

El proyecto propone el uso de nanopartículas de oro como vehículos capaces de transportar moléculas muy pequeñas llamadas oligonucleótidos antisentido. Estas moléculas actúan sobre el gen Tp53, el cual, en su versión mutada, favorece el crecimiento y la resistencia del cáncer frente a los tratamientos convencionales. Al bloquear la acción de este gen defectuoso, se busca reactivar mecanismos naturales que llevan a la muerte de las células cancerosas, sin dañar a las células sanas. La elección de la línea celular SW480 no fue casual. Esta línea de cáncer de colon avanzado presenta la mutación del gen Tp53, lo que la convierte en un modelo idóneo para estudiar la eficacia del tratamiento propuesto. Como explica Fátima Xocoyotl, “esta línea nos ofrecía el reto adecuado, ya que representa un tipo de cáncer difícil de tratar, pero al mismo tiempo nos da la oportunidad de probar la selectividad y eficacia de las nanopartículas”.

Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es el uso de la luz para activar las nanopartículas. Estas, en forma de coloide, tienen la capacidad de reflejar distintos colores dependiendo de su tamaño: las más pequeñas se observan en tonos rojizos, mientras que las más grandes adquieren tonalidades moradas o violetas. Aprovechando este comportamiento óptico, el equipo desarrolló un prototipo de láser infrarrojo que, al incidir sobre las nanopartículas, provoca su vibración y libera los oligonucleótidos encapsulados. En las pruebas preliminares, los resultados han sido prometedores, aunque también se han enfrentado a desafíos técnicos. Por ejemplo, la búsqueda del láser con la longitud de onda adecuada ha requerido ajustes, lo que motivó al equipo a desarrollar un láser verde que interactúa mejor con el comportamiento óptico de sus nanopartículas. Como señala Diana Martínez, “la idea es lograr que el medicamento se libere de manera más precisa y selectiva, atacando únicamente a las células cancerosas y reduciendo los efectos secundarios que hoy sufren los pacientes”.

El camino no ha estado exento de dificultades. Una de las principales limitantes ha sido la falta de recursos económicos, pues la adquisición de reactivos y equipos especializados requiere una inversión considerable. Además, como explica Fátima, “en Querétaro no existen expertos que trabajen directamente en esta área, lo que nos ha obligado a aprender y experimentar constantemente”. Otro reto importante ha sido la estabilidad de los oligonucleótidos, que tienden a degradarse con facilidad, lo que demanda métodos más sofisticados para garantizar su funcionalidad. A pesar de estas dificultades, el equipo ha logrado importantes aprendizajes. Diana reconoce que su formación en nanotecnología estaba más enfocada en materiales, pero este proyecto le ha permitido explorar aplicaciones en biomedicina, trabajando directamente con cultivos celulares y abriendo nuevas perspectivas para su campo profesional.

El impacto potencial de este proyecto es significativo. De tener éxito, podría ofrecer una alternativa terapéutica más accesible, selectiva y menos agresiva para pacientes con cáncer colorrectal, e incluso aplicarse a otros tipos de cáncer como el de mama o el de pulmón. Además, el polímero utilizado es biocompatibles y ha sido aprobado por instancias regulatorias internacionales como la FDA, lo que abre la puerta a una futura aplicación clínica. En términos de costos, el equipo ha calculado que la producción a gran escala de nanopartículas podría resultar mucho más económica que los tratamientos actuales. Mientras una quimioterapia puede llegar a costar decenas de miles de pesos por sesión, las nanopartículas podrían producirse a un costo aproximado de ocho mil pesos en pequeñas cantidades, con la posibilidad de reducirse aún más en lotes mayores.

El programa FOPER ha sido fundamental para el desarrollo de esta iniciativa, no solo por el financiamiento otorgado, sino también por el impulso a la colaboración multidisciplinaria entre áreas de medicina, ingeniería y nanotecnología. Esta sinergia ha permitido al equipo avanzar en la consolidación de un proyecto con alto potencial social y científico. El cáncer colorrectal continúa siendo un desafío urgente para la ciencia y la medicina. El proyecto encabezado por Fátima Selene Xocoyotl y Diana Martínez, en colaboración con investigadoras e investigadores de CIBA y apoyado por FOPER, representa un esfuerzo innovador que combina nanotecnología, biomedicina y creatividad científica. Más allá de los retos técnicos y económicos, este trabajo abre la posibilidad de construir un futuro en el que los tratamientos contra el cáncer no solo sean más efectivos, sino también más humanos, accesibles y respetuosos con la calidad de vida de los pacientes.

Expresión en movimiento

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Publicado: 17 Septiembre 2025
Visitas: 369

El servicio social es, para los universitarios, un puente entre la formación académica y la vida comunitaria. No se trata únicamente de cumplir con un requisito administrativo, sino de encontrarse con realidades diversas que desafían la mirada, el pensamiento y el corazón. Así ocurrió con el grupo de estudiantes que participaron en el proyecto “Miradas: reflejo y expresión AlegArte” en la localidad de Higuerillas, Cadereyta, bajo la coordinación de la Mtra. Tanya González de la Facultad de Psicología y Educación.

El objetivo del proyecto fue contribuir a la salud mental comunitaria a través de talleres de danza terapéutica con un enfoque psicosocial, de derechos humanos y género. En este espacio, el arte se convirtió en vehículo para la expresión, la convivencia y la reflexión colectiva. Las y los estudiantes que integraron el equipo fueron Cindy Marlen Álvarez Soto, Diego Alejandro Barajas Pérez, Jafett Santiago Becerra Trejo y Karla Zarraga Aguirre de Psicología Social; Emilio Sánchez Bazán de Tecnología y Producción Musical y Valeria Alarcón Alcántara de Psicología del Trabajo. Cada uno, desde su formación y perspectiva, sumó elementos para que la experiencia resultara integral.

Al recordar qué los motivó a elegir un servicio social comunitario, los jóvenes coinciden en que se trató de una mezcla de curiosidad, compromiso y oportunidad formativa. Diego Alejandro explicó que, para él, no se trataba únicamente de liberar un requisito, sino de ampliar sus conocimientos en un ejercicio directamente vinculado a su carrera. Por su parte, Valeria señaló que escuchar las experiencias de compañeros que ya habían participado y la cercanía de la Dirección de Vinculación de la UAQ fueron determinantes para sumarse. Lo que comenzó como una decisión académica se convirtió pronto en una vivencia profundamente significativa.

El trabajo se centró en impartir talleres de danza terapia a distintos grupos de la comunidad: niñas y niños, jóvenes y personas mayores. En cada sesión se abordaron temas relacionados con tradiciones, inquietudes, formas de vida y aspiraciones. Lejos de llevar un esquema rígido, los estudiantes escucharon lo que los participantes querían compartir y, a partir de ahí, diseñaron dinámicas que respondieran a sus intereses. Esta apertura permitió que los vínculos se fortalecieran y que las sesiones se vivieran con entusiasmo. La participación fue activa: entre veinte y veinticinco adultos mayores, alrededor de quince niños y un grupo cercano a diez jóvenes se involucraron en las actividades. Aunque en un inicio la comunidad miraba con curiosidad a los foráneos, pronto la desconfianza se transformó en cercanía y confianza.

Entre los momentos que más marcaron a los estudiantes destaca la primera visita al grupo conocido como “los abuelitos”, un conjunto de personas mayores que se reúnen habitualmente a realizar manualidades con materiales reciclados. Apenas presentarse, los universitarios fueron invitados a improvisar una actividad. La disposición y energía con que los adultos participaron, entre risas y movimiento, dejó en los estudiantes una impresión imborrable. “Desde ese primer día sentimos que estábamos en el lugar correcto”, compartió Karla.

Uno de los principales retos fue la organización metodológica de los talleres en espacios reducidos, lo que exigía creatividad y flexibilidad. Sin embargo, con el paso de los días, la comunicación constante y la retroalimentación de los participantes, las dificultades se transformaron en aprendizajes. Lo que en un inicio parecía un obstáculo se convirtió en una oportunidad para mejorar la coordinación interna y ajustar las dinámicas al contexto.

La experiencia también permitió a los estudiantes confrontar sus propias ideas sobre la vida comunitaria y la realidad social del estado. Notaron que, a pesar de las problemáticas presentes, en Higuerillas se mantiene un ritmo de vida más pausado que en la ciudad, con mayor disposición a la convivencia y a la generosidad cotidiana. Los saludos en la calle, la amabilidad y la hospitalidad fueron contrastes que sorprendieron y que, en palabras de jafett, mostraron una forma distinta de relacionarse, muchas veces perdida en la vida urbana.

Los estudiantes coincidieron en que proyectos como “Miradas” representan también un aporte de la universidad a la sociedad. Ofrecer espacios de expresión y encuentro es una forma de responder a problemáticas sociales de manera creativa, sin pretender resolverlo todo, pero sí generando condiciones para la reflexión y el acompañamiento. Valeria explicó que, más allá de intervenir en situaciones específicas, lo relevante fue abrir un espacio para que la comunidad pudiera expresarse, compartir y encontrar nuevas perspectivas.

Al finalizar, todos recomendaron a otros estudiantes elegir un servicio social de este tipo. No solo por la riqueza académica, sino por la posibilidad de encontrarse con realidades distintas, ampliar horizontes y generar lazos humanos. Santiago lo describió como “una experiencia que te permite conocer, reconocer y atender las necesidades de una comunidad, y que incluso abre la posibilidad de replicar estas intervenciones en otros lugares”.

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