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Enseñar para transformar

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Publicado: 20 Junio 2025
Visitas: 68

La Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) entregó este 2025 el Premio Xahni a 14 docentes que, más allá de impartir conocimientos, han dejado una huella significativa en la formación de sus estudiantes. Este galardón reconoce la labor docente desde una perspectiva transformadora, ética y humana, y en esta edición, la Facultad de Derecho celebró a una de sus académicas más comprometidas: la Dra. Rocío González Velázquez.

Su historia dentro del ámbito académico comenzó mucho antes de llegar a la UAQ. Egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), su formación estuvo marcada por una temprana y decisiva experiencia en el Instituto de Investigaciones Jurídicas, donde fue invitada a colaborar siendo aún estudiante. Esa etapa no solo le mostró el rigor del trabajo académico, sino que sembró en ella una semilla que con los años florecería en un profundo amor por la investigación. En ese momento, su mirada estaba más orientada hacia el quehacer investigativo, sin imaginar que años después encontraría en la docencia un espacio de crecimiento, sentido y transformación.

Fue en el año 2020, en pleno contexto de pandemia, cuando se incorporó a la UAQ. Aunque no tenía experiencia previa como docente, su contacto inmediato con los estudiantes le reveló algo que había estado presente desde siempre. “En la preparatoria, también estudié en la UNAM, los profesores me pedían que yo diera la clase. En matemáticas, en química… no sé por qué, pero solo a mí me lo pedían. Yo no entendía entonces que eso era una señal, que tenía cierta habilidad para enseñar.”

El inicio formal de su carrera docente fue también el momento en que descubrió que, efectivamente, enseñar era parte esencial de su vocación. Desde entonces, ha cultivado una forma de dar clase que se caracteriza por el diálogo horizontal, la sensibilidad crítica y el reconocimiento del otro como un ser con agencia, con saberes y con historia.

A ella le gusta que le llamen simplemente “profesora Rocío”. Evita títulos como “doctora” o “miss”, porque cree que la cercanía y el respeto mutuo no dependen de fórmulas jerárquicas. Su aula es un espacio donde sus estudiantes no solo aprenden contenidos, sino que son desafiados a pensar, cuestionar y descubrir sus propias capacidades. “Me inspiran ellas y ellos. Me gusta ver que se reconocen como personas con voz, con pensamiento propio, con herramientas para interpretar y transformar la realidad. Me reta a estar a la altura de esa exigencia, a ofrecerles algo que valga la pena.”

Uno de los aspectos que más valora de su labor es acompañar a sus estudiantes en el descubrimiento de su propio potencial. Disfruta ver cómo se dan cuenta de que los conocimientos que han construido a lo largo de la vida, aunque no estén publicados en revistas científicas, también son válidos, sólidos y significativos. “Cuando terminan un proyecto del que se sienten orgullosos y que les muestra que son capaces de más de lo que pensaban, ese es uno de los momentos que más disfruto como maestra.”

Pero también reconoce los múltiples desafíos que enfrenta la docencia en el contexto actual. Entre ellos, menciona la reconfiguración de la figura del docente: ya no se trata de imponer autoridad, sino de ejercer una influencia desde la ética, la congruencia y la facilitación del pensamiento crítico. También reflexiona sobre el impacto de herramientas como la inteligencia artificial en los procesos de aprendizaje y sobre las condiciones laborales del gremio, que en muchos casos son precarias y feminizadas. “No es mi situación particular, pero soy muy consciente de lo que viven muchos colegas en el país. La labor docente merece dignificación y justicia laboral.”

El momento en que recibió el correo notificándole que sería una de las galardonadas con el Premio Xahni fue inesperado y emotivo. “No conocía el premio, ni sabía que estaba siendo considerada. No me lo esperaba, menos entre tantas y tantos docentes valiosos de la facultad. Me conmovió muchísimo. Una alumna me había dicho hace poco que yo era como la ‘maestra Miel’ de la película Matilda. Me hizo gracia en su momento, pero cuando recibí la noticia, recordé esas palabras y entendí lo que estaba detrás.”

Su labor no se limita a la transmisión de conocimientos jurídicos. En sus clases, se transversalizan valores fundamentales como la perspectiva de género, los derechos humanos, la ética profesional y la responsabilidad social universitaria. Considera que estos elementos no pueden separarse de los contenidos disciplinares: forman parte integral de la formación de abogadas y abogados comprometidos con una sociedad más justa, crítica y consciente.

A las nuevas generaciones de estudiantes y docentes, les deja una recomendación clara y firme: “Cuestiónenlo todo. No den nada por sentado. Pregúntense si lo que escuchan, leen o repiten vale la pena, si es justo y válido. Cultiven el espíritu crítico, porque solo así se puede construir conocimiento significativo y comprometido.”

Finalmente, la profesora Rocío cierra con palabras de gratitud. Agradece a quienes hacen posible la difusión de estos reconocimientos y a las autoridades universitarias por fomentar estos espacios. Pero sobre todo, agradece a sus estudiantes, quienes le han confirmado que está donde debe estar: acompañando, sembrando y aprendiendo junto a ellos.

Transformando desde la empatía

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Publicado: 19 Junio 2025
Visitas: 68

Este 2025, la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) otorgó el Premio Xahni a 14 docentes, entre ellos una figura profundamente querida por la comunidad estudiantil de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales: la Dra. Betsabee Fortanell Trejo. Este galardón, que reconoce a quienes han hecho de la docencia un acto transformador, no podría haber recaído en alguien más alineada con ese espíritu. Betsa, como le llaman sus estudiantes con cariño y confianza, no solo imparte clases; crea vínculos, siembra pensamiento crítico y transforma las aulas en espacios de escucha, conciencia y libertad.

Egresada de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo por la UAQ, la Dra. Betsabee Fortanell continuó su formación con una Maestría en Comunicación en la Universidad de Guadalajara y un Doctorado en Estudios Socioculturales por la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Su recorrido académico se ha nutrido tanto del ejercicio periodístico como del trabajo de investigación y, sobre todo, de su entrega a la docencia. Ella misma reconoce que llegó a esta labor "por accidente", pero que fue en el diálogo cotidiano con sus estudiantes donde realmente descubrió su vocación.

“Durante mucho tiempo me pregunté qué podía enseñar”, confiesa. “Hasta que, hace unos años, escuchando a mis estudiantes, me di cuenta de que lo que compartimos en clase no es solo teoría, es también un espacio seguro, un lugar donde las emociones y las experiencias son válidas”. Para ella, enseñar no es una posición de poder, sino un ejercicio de horizontalidad, de humildad y de constante retroalimentación.

Una de las experiencias que marcó su práctica docente fue el paro estudiantil, durante el cual participó en actividades de diálogo con distintos grupos. Escuchar de primera mano las preocupaciones, exigencias y vivencias de las, los y les estudiantes la llevó a repensar su papel dentro de la universidad. Desde entonces, ha cultivado una postura más crítica y empática: “Soy una persona que protesta, que se incomoda y que también quiere incomodar, porque la universidad debe ser un espacio de cuestionamiento”.

Y, sin embargo, su incomodidad no excluye la ternura. Al contrario, uno de los ejes que atraviesa su forma de enseñar es el cuidado. Betsa entiende el aula como un espacio donde el conocimiento es importante, pero también lo son el acompañamiento, las emociones y la comunidad. “Mis estudiantes no lo saben, pero me hacen muy feliz”, comparte con una sonrisa. “Escucharles, saber cómo están, cuestionar la realidad con ellos, ver cómo se transforman… eso me llena el alma”.

El reconocimiento con el Premio Xahni la tomó por sorpresa. Recuerda entre risas cómo dos de sus estudiantes, Omar y Neto, llegaron a su salón pidiéndole imágenes para el evento, sin decirle que ella era la galardonada. Fue una amiga quien finalmente le confirmó la noticia. “Estaba a punto de empezar clase, me dijeron y se me salieron las lágrimas. Fue muy emotivo, porque este premio viene de mis estudiantes, de quienes me han dicho que mis clases les gustan, que se sienten bien… pero yo nunca pensé que llegaría a recibir este reconocimiento. Lo recibí con muchísima gratitud y mucha humildad.”

Su inspiración diaria proviene, por supuesto, de sus estudiantes, pero también de su constante inquietud por aprender. En los últimos años, se ha volcado en lecturas decoloniales y antirracistas que le han permitido pensar la academia desde otros lugares, más incluyentes, cuestionadores y menos verticales. La docencia, dice, es un campo que también necesita ser desmontado, discutido, y vuelto a armar desde otras narrativas.

Para Betsa, enseñar va más allá de los contenidos académicos. Su deseo es sembrar en sus estudiantes una conciencia crítica, una apertura al cambio y una sensibilidad hacia la diversidad. “Para mí es importante que reconozcan que existen muchas formas de habitar el mundo. Que las violencias patriarcales nos atraviesan a todas las personas, y que nuestra tarea es también crear comunidad, espacios seguros y resistencias colectivas”.

Frente a los retos contemporáneos, como la adaptación a nuevas tecnologías o formas de aprendizaje, no se muestra renuente. Por el contrario, reconoce que cada generación trae nuevos lenguajes y nuevas urgencias. Ella busca estar atenta, aprender junto a sus alumnos, dejarse transformar.

Si tuviera que dejar un mensaje a quienes se inician en la docencia, lo tiene claro: “Que se tomen muy en serio este oficio. Que lo vivan con respeto, con ética, con alegría. Porque nuestro actuar en el aula transforma, toca vidas, y eso es una enorme responsabilidad”.

Y si pudiera decirles algo más a sus estudiantes, lo resume entre lágrimas con sencillez:“Gracias por transformarme. Gracias por hacerme mejor persona.”

Una acción que puede cambiar el rumbo de alguien

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Publicado: 17 Junio 2025
Visitas: 69

En el amplio mundo de la docencia universitaria, hay quienes enseñan por vocación, quienes lo hacen por convicción y quienes, como el profe Ramón, lo hacen por ambas razones. Su nombre completo es Ángel Ramón Flores Sosa, y es profesor en la Facultad de Química de la Universidad Autónoma de Querétaro. Pero para sus estudiantes, simplemente es “el profe Ramón”, un nombre que refleja cercanía, respeto y una forma muy particular de estar presente en el aula: con paciencia, claridad y un genuino interés por quienes tiene enfrente.

Aunque la pedagogía no fue su primer camino académico, la enseñanza lo ha acompañado desde siempre. Hijo de docentes, creció en un ambiente donde la educación era parte del día a día. “Mis papás son maestros, y desde siempre me decían que yo también podría serlo. Pero no me veía en una Escuela Normal; yo quería estudiar algo relacionado con química o ingeniería”, recuerda con una sonrisa. Sin embargo, el gusto por enseñar emergió de manera natural: en la secundaria y en la preparatoria sus compañeros recurrían a él para que explicara los temas difíciles. Ya en la universidad, comenzó a dar clases particulares de matemáticas y química, y ahí se dio cuenta que le gustaba enseñar, pero sobre esas materias.

Actualmente imparte materias como química orgánica, química general y laboratorios básicos, además de una optativa especializada llamada “Tecnologías emergentes para la conservación de alimentos”. Pero más allá de los contenidos, lo que realmente guía su práctica docente es una profunda conciencia de lo que puede representar una sola clase, una sola conversación, un solo gesto.

En el doctorado, mientras apoyaba a una compañera de maestría con sus experimentos, no sabía que estaba siendo una pieza clave para que ella pudiera continuar. “Tiempo después me dijo que había estado a punto de darse de baja y que la ayuda que yo le brindé fue fundamental para que terminara. Ahí me di cuenta del impacto que pueden tener nuestras acciones, incluso sin saberlo. Desde entonces, cada vez que doy clases, recuerdo que tal vez ese día, esa clase, puede tener un gran impacto en la vida de alguien”.

Esa empatía es uno de los rasgos que más valoran sus estudiantes. El profe Ramón es de esos docentes que no solo explican, sino que acompañan. Que entienden que detrás de cada alumno hay una historia, y que la universidad, además de formar profesionistas, es un espacio donde se construyen vidas. “Es imposible saber todo lo que están viviendo los estudiantes, pero eso no impide que uno pueda ser útil más allá de lo académico”, dice con convicción.

Inspirado por figuras como la Dra. Elia Nora Aquiño Bolaños, su directora de tesis de licenciatura y maestría en la Universidad Veracruzana, y el Dr. Edmundo Mercado, quien lo acompañó durante el doctorado en la UAQ, el profe Ramón mantiene una meta muy clara: ser, al menos, tan bueno como ellos, con la misma humildad y el mismo entusiasmo por enseñar e investigar. “Ellos me enseñaron que no importa cuánta experiencia tengas, nunca dejas de aprender ni de comprometerte con los demás”, afirma.

En un entorno cada vez más cambiante, reconoce que uno de los mayores retos para los docentes es adaptarse a las nuevas realidades del estudiantado. “Cuando yo era estudiante, no se hablaba tanto de salud emocional o mental, y ahora son temas que debemos tomar en cuenta. Las formas de enseñar y de relacionarnos han cambiado. Hay que tratar con respeto estas nuevas dinámicas y estar dispuestos a aprender también como profesores”.

Tal vez por eso, recibir el Reconocimiento Xahni en 2025 fue un momento especialmente significativo para él. Este premio lo tomó por sorpresa. “No trabajo para recibir premios, mi reconocimiento es cuando un exalumno me dice ‘gracias, profesor, lo que me enseñó me sirvió’. Pero cuando me dieron el Xahni fue muy bonito, saber que los grupos me evaluaran bien, que me felicitaran en los pasillos, que me abrazaran. Fue una experiencia muy grata”.

Más allá del aula, el profe Ramón también trata de transmitir algo más profundo: valores que se viven, no que se imponen. “Creo que lo importante es predicar con el ejemplo. Compartir el conocimiento con paciencia, sabiendo que no todos lo van a entender a la primera, pero sí pueden aprender si uno está ahí para guiar. Y si ellos pueden ayudar a alguien más, o mejorar el momento de otra persona, también les toca hacerlo”.

A las nuevas generaciones de estudiantes, les deja un mensaje claro y firme: que trabajen y se esfuercen por sus objetivos. “A veces se piensa que ya no es necesario estudiar, que hay otras formas de alcanzar el éxito. Pero el esfuerzo y el trabajo sí tienen recompensa. Que tengan claro lo que quieren, y que trabajen fuerte por eso”. Y a sus colegas docentes, les recuerda que cada día es una oportunidad para transformar vidas. “Tal vez no lo sepamos en ese momento, pero una clase, una palabra, puede marcar la diferencia para alguien”.

Haz música con inteligencia artificial

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Publicado: 16 Junio 2025
Visitas: 77

La inteligencia artificial está revolucionando el ámbito educativo y creativo, abriendo nuevas posibilidades para el aprendizaje y la expresión. En este artículo, escrito por el Dr. Alexandro Escudero Nahón, especialista en Educación Transdigital, se presenta Suno, una plataforma innovadora que permite componer música original a partir de simples descripciones textuales. Esta herramienta, basada en inteligencia artificial, no solo democratiza la creación musical, sino que también ofrece un gran potencial pedagógico para fomentar la creatividad, la colaboración y el uso de tecnologías emergentes en el aula.

La música es uno de los placeres más plenos que las personas disfrutan. En la educación, la música también juega un papel importante. Ahora es posible hacer música con aplicaciones educativas con Suno, que es una plataforma innovadora basada en inteligencia artificial (https://suno.com). Suno permite a cualquier persona crear canciones completas, con música y letra, a partir de simples descripciones escritas, conocidas como prompts.  

Su principal característica radica en su capacidad de componer canciones originales sin necesidad de conocimientos musicales previos. Los usuarios solo deben ingresar una descripción de la canción que desean —puede ser el tema, el estilo musical, el idioma, la duración, e incluso la letra— y la aplicación se encarga de generar tanto la música como la voz que interpreta la canción. La herramienta puede generar canciones en una amplia variedad de géneros, desde pop y rock hasta jazz o música clásica, adaptándose a las preferencias y necesidades de cada usuario. 

En el ámbito educativo, Suno representa una oportunidad única para transformar la manera en que los estudiantes y docentes interactúan con la música y la tecnología. Algunas de sus aplicaciones más destacadas son: 

  • Fomento de la creatividad: Los estudiantes pueden crear sus propias composiciones para proyectos de arte, tecnología o para presentar temas académicos de manera innovadora, desarrollando habilidades creativas y de expresión. 

  • Aprendizaje basado en proyectos: Suno facilita el trabajo en equipo, permitiendo que los alumnos colaboren en la creación de canciones relacionadas con los contenidos que están aprendiendo, lo que refuerza el aprendizaje y la retención de información. 

  • Accesibilidad y motivación: Al no requerir conocimientos musicales, cualquier estudiante puede participar, lo que aumenta la inclusión y la motivación en el aula. 

  • Uso en proyectos multimedia: Los docentes pueden generar música personalizada para videos, presentaciones o actividades lúdicas, enriqueciendo la experiencia educativa y captando mejor la atención de los alumnos. 

  • Introducción a la tecnología: El uso de Suno ayuda a familiarizar a los estudiantes con herramientas de IA, preparándolos para los retos tecnológicos del futuro. 

Suno no solo democratiza la creación musical, sino que también se convierte en un recurso educativo valioso para potenciar la creatividad, el trabajo colaborativo y la integración de la tecnología en el aula. 

El poder de la palabra

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Publicado: 11 Junio 2025
Visitas: 81

Desde la antigüedad, la palabra ha sido una herramienta de transformación: une, moviliza, denuncia, inspira. En la actualidad, preservar ese poder en las nuevas generaciones es fundamental. Concursos como "La Gran Voz UAQ", un proyecto a cargo de la Dirección de Atención a la Comunidad Universitaria, permiten a las y los estudiantes descubrir el alcance de su voz, fortalecer su pensamiento crítico y encontrar un espacio para expresarse con convicción. Son también oportunidades para construir comunidad, compartir historias y conectar con otros desde el poder de las ideas.

Este fue el caso de Isabela Leal Reyes, estudiante del sexto semestre de la Preparatoria Norte, quien recientemente obtuvo el primer lugar en la categoría de oratoria del concurso. Su participación fue una muestra de disciplina, pasión y del profundo valor del acompañamiento familiar.

Para Isabela, la oratoria no fue una vocación inmediata, sino un camino que comenzó en la infancia con concursos de poesía. "No era tan buena, casi nunca ganaba más que el tercer lugar", recuerda. Fue hasta la secundaria, cuando descubrió la oratoria como una modalidad diferente, que encontró una manera más cómoda y natural de expresarse. "Vi que era como de discursos, lo intenté para no quedar fuera y gané por primera vez. Desde ahí me enfoqué más en la oratoria y me gustó".

Al ver la convocatoria en redes sociales, Isabela no dudó en participar. Eligieron diez temas para la categoría de oratoria, todos relacionados con la historia de México. "Elegí el tema del papel de la mujer en la historia de México en la resistencia indígena y el activismo contemporáneo, porque me identifiqué como mujer. Me parece importante visibilizar que las mujeres siempre han estado presentes, aunque no se les ha reconocido lo suficiente".

Detrás de esa elección hubo un proceso de preparación riguroso y profundo. Isabela se aprendió los diez discursos posibles, sabiendo que en el concurso podría tocarle cualquiera. Esa decisión demostró su compromiso, pero también la importancia del respaldo emocional que tuvo a lo largo de la competencia.

"El apoyo de mi mamá fue fundamental", afirma con firmeza. Cada día, practicaba sus discursos en casa y su madre estaba ahí para escucharla una y otra vez. "Me escuchó todos los discursos, los diez. Me daba retroalimentación y me ayudaba a perfeccionar cada uno". Esa paciencia, constancia y presencia cercana fueron claves para que se sintiera segura y preparada.

Pero el apoyo no fue sólo técnico. Su familia también la acompañó emocionalmente, recordándole su capacidad, dándole confianza y celebrando cada pequeño avance. "Cada vez que voy a pasar respiro y digo: esta participación se la dedico a mi familia, se la dedico a Dios y va a salir bien", comparte con emotividad.

A pesar de su experiencia, Isabela reconoce que uno de los retos más grandes fue el control de los nervios. "Aunque ya te sepas tu discurso, siempre está ese temor de equivocarte". Para superarlo, desarrolló una serie de estrategias personales: respiración consciente, pensamientos positivos, visualización y sobre todo, recordar todo lo que había trabajado con su mamá y sus profesores.

"Me llevaron a practicar frente a grupos, a que dijera mis discursos en salones. Eso me ayudó a perder el miedo escénico. Es difícil, sobre todo porque tengo mucha energía y me cuesta concentrarme, pero lo logré".

Para Isabela, el verdadero valor del concurso no está sólo en ganar, sino en el aprendizaje. "Aprendí mucho de los temas, pero también de los otros concursantes. Observar cómo lo hacen, qué estrategias usan. Es un ambiente que me gusta, donde puedes mejorar y crecer".

Destaca también la gratitud hacia quienes hacen posibles estos espacios: "Agradezco que haya estudiantes que se preocupen por organizar concursos como este, que den visibilidad a la palabra. Agradezco a mi escuela, a mis profesores y especialmente a mi familia. Sentí mucho orgullo de verlos felices con mi logro".

Isabela tiene claro que seguirá en la oratoria. "Quiero entrar a la UAQ y seguir participando. Estas experiencias me han dejado mucho y quiero seguir creciendo". Su consejo para quienes quieren comenzar es claro: "Dale un sentido a lo que haces. Encuentra el por qué y el para qué. La palabra es poderosa. No tengas miedo de usarla".

Cuando una joven estudiante toma el micrófono y habla desde el corazón, no sólo representa a una escuela o una generación: representa a todas las voces que merecen ser escuchadas.

  1. Enseñando desde el corazón
  2. La alegría de dar clase
  3. Orgullo sobre el escenario
  4. La danza cruzando fronteras

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