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Clínica de Neurodiagnóstico

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Publicado: 14 Octubre 2025
Visitas: 778

En la Universidad Autónoma de Querétaro, la Clínica de Neurodiagnóstico y Rehabilitación Dr. Moisés López González se ha consolidado como un espacio donde la ciencia, la atención médica y el compromiso social se entrelazan para ofrecer un servicio especializado a la comunidad. La clínica lleva este nombre en honor al doctor Moisés López González, pionero en el estudio del sistema nervioso en Querétaro y formador de generaciones de profesionales en el área de la salud, cuyo legado académico y humano marcó profundamente el desarrollo de esta disciplina en la UAQ.

Además de brindar atención a pacientes, la clínica funciona como un centro de investigación y formación académica, donde estudiantes y especialistas participan en el desarrollo de nuevos conocimientos científicos. Bajo la dirección del Dr. Hebert Luis Hernández Montiel, quien cuenta con un doctorado en Ciencias Biomédicas y 11 años de trayectoria en la unidad, el espacio ha fortalecido sus capacidades técnicas y humanas.

Desde su creación en 2014, la clínica inició con un pequeño grupo de investigación y un modelo autosustentable, orientado a ofrecer atención continua a la población. Al no existir en México una especialidad directa en neurofisiología clínica, se establecieron vínculos académicos internacionales para fortalecer el equipo, integrando especialistas cubanos que aportaron su experiencia al proyecto.

El Dr. Hernández destacó que, gracias a los Fondos Mixtos de investigación, fue posible adquirir el equipamiento con el que cuenta actualmente la clínica. Estos recursos permitieron consolidar un área especializada en diagnóstico del sistema nervioso, inicialmente vinculada a la Facultad de Medicina, y posteriormente trasladada a espacios más adecuados para su operación.

En ese proceso de crecimiento, también participó en la creación del Centro de Investigación en Biotecnología y Aplicaciones (CIBA), en el Campus Aeropuerto, donde se estableció una organización que integraba clínica, posgrados y laboratorios. Este modelo permitió articular atención médica, investigación científica y formación de especialistas en un mismo espacio universitario.

A lo largo de estos 11 años, la clínica ha transitado por distintas sedes dentro de la UAQ, hasta encontrar en la Facultad de Química un lugar adecuado para su consolidación. Actualmente, uno de sus principales compromisos es garantizar que los servicios se mantengan accesibles, sin comprometer la calidad en la atención ni el uso de tecnologías especializadas.

Entre los servicios que ofrece la clínica se encuentran estudios especializados de neurofisiología para el diagnóstico oportuno de trastornos del sistema nervioso, así como terapias de rehabilitación neurológica basadas en metodologías actualizadas. De acuerdo con el Dr. Hernández, uno de los propósitos centrales es acercar procedimientos que fuera del entorno universitario son de difícil acceso, tanto por su costo como por la disponibilidad de especialistas. Por ello, cada atención integra evaluación clínica, acompañamiento profesional y seguimiento personalizado, priorizando siempre el bienestar y la comodidad del paciente.

Aunado a lo anterior, señaló que el objetivo central es mantener un equilibrio entre la sustentabilidad del proyecto, la atención humana y la innovación médica. Por ello, ya se trabaja en nuevas áreas de estimulación temprana para niñas y niños, así como en la apertura de un programa de salud mental dentro de la Facultad de Química.

Para finalizar, el titular de la clínica agradeció el respaldo institucional de la Universidad e invitó a la comunidad a acercarse a los servicios que se ofrecen de lunes a viernes, de 7:00 a 15:00 horas. Las citas pueden solicitarse vía WhatsApp 442 344 5523, en la página oficial de Facebook o al número 442 192 1200, extensión 6252.

Semana de la Movilidad

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Publicado: 10 Octubre 2025
Visitas: 309

En el marco del mes de la no violencia y la migración, el Comité ReCIBE, Red de Comités para la Integración y Bienvenida, impulsa la Semana de la Movilidad Intercultural, una jornada de actividades diseñada para visibilizar las distintas realidades de las personas en tránsito y promover la empatía dentro de la comunidad universitaria. A través de talleres, proyección de documentales, espacios artísticos y mercaditos interculturales, esta iniciativa busca abrir un diálogo informado que contrarreste la desinformación y los estigmas en torno a la movilidad humana. En este sentido, conversamos con Fernanda Mía Garrido Damián, Diana Itzel Marquez Hernández, Karol Michelle Banzer Esquivel y Karla Mondragón Coronel, estudiantes del tercer semestre de la Licenciatura en Relaciones Internacionales y miembros del Comité.

Los organizadoras explican que esta propuesta también se enmarca en el compromiso adquirido por la Universidad Autónoma de Querétaro al firmar la Cátedra Sergio Vieira de Mello, en colaboración con ACNUR, lo que reconoce a la institución como un espacio de acogida para estudiantes en contexto de movilidad. Bajo este principio, señalaron que la universidad no solo debe garantizar oportunidades académicas, sino generar ambientes donde quienes llegan desde otras realidades se sientan bienvenidos e integrados.

Sin embargo, llevar la Semana de la Movilidad Intercultural más allá del campus ha implicado diversos retos. Karol Michelle explicó que uno de los mayores desafíos fue la resistencia inicial de algunas personas que, al conocer que el enfoque estaba dirigido a población migrante, preferían no involucrarse. A esto se suma, como compartió Diana Itzel, la apatía derivada de la desinformación, especialmente entre sectores que no han tenido contacto directo con historias de movilidad y no logran dimensionar el trasfondo humano de estos contextos.

Frente a ello, Karla destacó la importancia de invitar a la comunidad a reconocerse también como parte de procesos de movilidad, ya sea personal o familiar. Comprender que el movimiento es una constante en la historia de vida de muchas personas permite abrir miradas más empáticas y generar procesos de sensibilización genuina. “El primer paso es reconocernos en movimiento para poder mirar con empatía la movilidad de otras personas”, compartió.

Entre las actividades programadas para esta edición se encuentran un taller de desmitificación sobre migración, una jornada de voluntariado en el Albergue Toribio Romo —con transporte gestionado desde la Facultad— y una convocatoria para donar alimentos no perecederos. También se realizará la proyección del documental El sueño de Kamal, en colaboración con Documenta y el colectivo Querétaro por Palestina, acompañada de un conversatorio a cargo de un docente especialista en Medio Oriente. La semana culminará con un bazar intercultural y música en vivo en la Casa del Faldón, donde emprendedores en contextos de movilidad ofrecerán sus productos para fortalecer su economía y visibilizar sus iniciativas.

Las estudiantes reconocieron el acompañamiento de instituciones y colectivos como la Red para la Integración de Personas en Contextos de Movilidad, el CAMI, Documenta, la Secretaría de Cultura del Estado, el Albergue Toribio Romo y diversos comercios locales que se sumaron desde la solidaridad. Señalaron que esta articulación comunitaria es clave para dar mayor alcance al mensaje y ampliar el impacto más allá de los espacios académicos.

 

Finalmente, Fernanda Mía hizo un llamado a las y los estudiantes a participar activamente y comprender que la sensibilización también es una forma de construir entornos seguros y humanos para quienes llegan a esta universidad buscando nuevas oportunidades. “Como comunidad de acogida, tenemos la responsabilidad de abrir espacios donde todas las personas puedan sentirse reconocidas y acompañadas”, afirmó.

Miradas que sanan

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Publicado: 08 Octubre 2025
Visitas: 299

El servicio social representa, para las y los estudiantes universitarios, una oportunidad de crecimiento profesional y humano que trasciende el aula. Tal es el caso del proyecto “Miradas: reflejo y expresión AlegrArte”, coordinado por la Mtra. Tanya González García de la Facultad de Psicología y Educación de la UAQ, el cual busca contribuir a la salud mental comunitaria mediante la danza terapéutica con enfoque psicosocial, de derechos humanos y de género. Su propósito es fortalecer redes de agentes comunitarios y mitigar los efectos del trauma psicosocial en poblaciones en situación de vulnerabilidad.

Como parte de esta iniciativa, las y los estudiantes Karla Michelle Pazzi Benítez y Sebastián González Sainz, de la Licenciatura en Psicología Social, junto con Sofía Sánchez Rivadeneyra, de Ingeniería Química en Materiales, participaron en una brigada en Loma de Guadalupe, Pinal de Amoles. A través de sesiones de danza, dinámicas corporales y ejercicios de expresión emocional, buscaron que las infancias de la comunidad reconocieran su cuerpo como un espacio de libertad, creatividad y cuidado.

Para Karla Michelle, la experiencia significó un acercamiento profundo al trabajo con niñas y niños, desde una perspectiva sensible y respetuosa. “El proyecto nos permitió mostrar que no es necesario llevar el cuerpo al límite para considerarlo propio de la danza; el movimiento más simple también puede ser una forma de expresión y de apropiación”, explicó. Esta visión, enmarcada en los derechos humanos, apuesta por que las comunidades identifiquen espacios seguros y de aprendizaje como parte de sus derechos fundamentales.

Por su parte, Sofía Sánchez compartió que, aunque su formación en ingeniería la mantenía alejada de la psicología y el trabajo comunitario, encontró en el proyecto una oportunidad para ampliar sus horizontes. “Era la única ingeniera en el grupo, y me daba miedo no encajar, pero aprendí muchísimo. Las pláticas y las dinámicas eran distintas a todo lo que había vivido en mi carrera”, relató.

Durante su estancia, trabajaron principalmente con un grupo de doce niñas y niños de entre tres y dieciséis años, quienes participaron en actividades que combinaban juego, danza y reflexión. Las sesiones se estructuraban en tres momentos: calentamiento corporal, desarrollo temático y cierre. Los talleres abordaron temas como las festividades favoritas, los espacios de alegría o tristeza y la identificación de emociones en el cuerpo. Además, los niños tuvieron la oportunidad de registrar sus propias vivencias mediante una cámara, apropiándose de su propia narrativa.

Más allá de las actividades, el contacto con la comunidad permitió a las y los estudiantes reflexionar sobre las realidades sociales de la región. En Pinal de Amoles, muchas infancias interrumpen su educación para trabajar en las minas de mercurio, lo que evidencia las complejas condiciones económicas y sociales del entorno. “No podemos señalarlo como un problema desde fuera, pero sí observar cómo estas realidades responden a necesidades muy específicas”, comentó Karla Michelle.

La convivencia cotidiana también reveló dinámicas de género y trabajo. Las mujeres, dedicadas en su mayoría a labores domésticas, expresaron el peso de las jornadas y la responsabilidad del cuidado familiar, mientras los hombres trabajaban largas horas en la minería. “Fue impactante darnos cuenta de que muchos mineros no comen ni duermen por dos días seguidos, y aun así regresan a trabajar”, señaló Karla. Para Sofía, la experiencia ofreció una mirada directa a las condiciones de seguridad laboral y de vida que difícilmente se perciben desde el aula: “Ver la realidad frente a frente cambia tu forma de entender lo que estudias”.

Ambas coinciden en que la participación en “Miradas: reflejo y expresión AlegrArte” representó un proceso de aprendizaje integral. Desde la sensibilidad social hasta la conciencia del contexto, las experiencias en campo les permitieron cuestionar y ampliar su formación universitaria. “No se trata solo de aplicar teoría, sino de entender lo que sucede en cada comunidad y aprender desde ahí”, señaló Karla.

Para Sofía, este servicio social significó una vivencia única que la transformó personal y profesionalmente. “En mi facultad, la mayoría libera el servicio ayudando en laboratorios, pero vivir esta experiencia fue completamente distinto. Recomiendo mucho que más estudiantes se animen; es una forma hermosa de aprender y de conectar con la realidad del país”, concluyó.

Causas que complican la adherencia terapéutica

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Publicado: 06 Octubre 2025
Visitas: 175

Por Dra. en C.S. Ruth Magdalena Gallegos Torres, Facultad de Enfermería

Los motivos que llevan a que no se siga un tratamiento médico son diversos y necesitan valorarse para garantizar que este se siga o bien, se ajuste. Robertha Medoza Reyes, una investigadora de la Ciudad de México los compila en categorías:

Personales:

 Que la persona no esté “preocupada” por su padecimiento

 Desconocimiento de la seriedad de la enfermedad

 Desconfianza hacia el tratamiento

 Desconocimiento o desconfianza hacia los efectos de los medicamentos

 No hay motivación hacia la recuperación de la salud

 Se considera que el padecimiento “no es grave”

 Ser un niño o adulto mayor

 Nivel educativo y económico bajo

 Problemas emocionales

 Mitos y creencias sobre la enfermedad

 Resistencia a un cambio de rutina más saludable

Del régimen terapéutico

 Tener varios tratamientos

 Incomprensión

 Uso complejo de la medicación

 Aparición de efectos secundarios

 Otros

 

De la enfermedad

 No hay síntomas

 Ausencia de complicaciones

 La persona ya se habituó a la molestia de los síntomas

 Más de una enfermedad presente

 

Características familiares y/o sociales

 Problemas de comunicación

 Violencia o falta de apoyo en el manejo de la enfermedad

 Falta de cuidador (cuando alguien lo requiere)

 Escasa supervisión en la toma de medicamentos

 Soledad (vivir solo)

 

Características del sistema sanitario

 Cambio de médico

 Dificultad de acceso al servicio médico

 Costo de la atención médica

 Otros

 

Del personal sanitario

 Lenguaje demasiado técnico

 Falta de empatía hacia los pacientes

 Intensificación en pruebas innecesarias

 Desconfianza

El Reto de la Adherencia Terapéutica

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Publicado: 06 Octubre 2025
Visitas: 174

 

Por M.C.E. René Rico Sánchez, Docente de la Facultad de Enfermería.

A lo largo de la historia han cambiado las causas por las que enfermamos y morimos. En el pasado predominaban las enfermedades infecciosas, que causaban epidemias y altos índices de mortalidad. Con el paso del tiempo y gracias a las vacunas, la higiene, la mejora en la alimentación y el acceso a servicios básicos, estas enfermedades disminuyeron. Hoy, en la mayoría de los países, lo que más afecta son las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) como la diabetes, la hipertensión, los infartos o algunos tipos de cáncer. Este fenómeno recibe el nombre de transición epidemiológica.

Dado este fenómeno, existen medicamentos, tecnologías y tratamientos más efectivos que permiten controlar estas enfermedades, retrasar sus complicaciones y dar a las personas una mejor calidad de vida. Sin embargo, surge una pregunta inevitable:

si los tratamientos existen y son buenos, ¿por qué tantas personas no logran mejorar o mantener su enfermedad bajo control?

Las respuestas son múltiples. No siempre se trata de que el medicamento “no funcione”. Hay factores personales y sociales que influyen, como la dificultad para llegar a los servicios de salud, los altos costos de algunos tratamientos, la complejidad de las indicaciones médicas, la duración indefinida de la terapia, el temor a los efectos secundarios o la falta de información clara sobre la enfermedad y su tratamiento. También influyen el apoyo familiar y comunitario, los horarios laborales, la distancia a las clínicas y, en algunos casos, la decisión individual de no seguir lo recomendado.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) agrupa todas estas situaciones bajo el concepto de adherencia terapéutica, que se entiende como el comportamiento de la persona que sigue, de manera consciente y responsable, las recomendaciones dadas por los profesionales de la salud. Esto no solo implica tomar medicamentos, sino también acudir a las citas, seguir dietas específicas, realizar actividad física y evitar hábitos dañinos.

Hablar de adherencia es ir más allá de la simple toma de una pastilla. Significa reconocer que cada persona vive una realidad distinta. Para algunos, la barrera principal es el dinero; para otros, la distancia al hospital o la falta de transporte; para muchos, la desmotivación, la depresión o el cansancio que generan tratamientos largos y demandantes. Por eso, la adherencia depende tanto del compromiso de la persona como del apoyo del sistema de salud, la familia y la comunidad.

Mejorar la adherencia requiere estrategias integrales que agrupen información clara y sencilla para que las personas comprendan su enfermedad, esquemas de tratamiento más fáciles de seguir, programas de apoyo psicológico y social, recordatorios digitales o comunitarios, consultas accesibles y acompañamiento cercano de profesionales de la salud.

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