Una vida en escena
Hay historias universitarias que se construyen poco a poco, entre escenarios, aprendizajes, personas y momentos que, con el paso de los años, terminan por convertirse en parte de quien las vive. La de la maestra Patricia Murillo, normalista titulada y Licenciada en Educación Preescolar, está ligada al teatro y, desde hace 47 años, a Cómicos de la Lengua de la Universidad, compañía con la que ha recorrido una parte importante de su vida y de la que hoy es directora.

“Paty”, como le llaman de cariño, se reconoce como una mujer que ha ido construyéndose a través de las experiencias, del aprendizaje y de las personas que la han acompañado. Su historia va más allá de su faceta como actriz o directora, pues antes de llegar al teatro estuvo en la docencia. Es madre de dos hijos, abuela de dos nietas y esposa; tres facetas que, junto con la docencia y el teatro, considera una bendición. Para ella, cada experiencia se ha ido sumando hasta formar una vida en la que el escenario ocupa un lugar fundamental.
Antes de llegar al teatro, en 1977, su primera intención fue convertirse en médica, pero en aquel entonces la carrera no existía en Querétaro y estudiarla implicaba salir de la ciudad. Entre las opciones que tenía a su alcance estaban ser secretaria, trabajadora social, enfermera o maestra.
La decisión no estuvo exenta de dificultades, estuvo a punto de abandonar los estudios, pero su padre le pidió que terminara lo que había comenzado, con el tiempo, descubrió que había encontrado una vocación que no sabía que tenía.
“No me arrepiento de haber elegido ser maestra, porque a pesar de que no tenía, o no creía tener esa vocación, fue saliendo”, recuerda. Con los años, llegó a amar su carrera como educadora y encontró en ella una parte importante de su identidad.

Su acercamiento a Cómicos de la Lengua comenzó antes de formar parte de la compañía. Su hermano Will pertenecía al grupo, por lo que ella y su familia acudían a las presentaciones que se realizaban en atrios, plazas y barrios. Observar a su hermano convertirse en actor era motivo de orgullo y, sin saberlo, aquellos encuentros sembraron en ella el interés por el teatro.
En noviembre de 1979 ingresó a Cómicos de la Lengua. Sus primeros recuerdos están relacionados con la diversión, la amistad, el compañerismo y la solidaridad.
Recuerda aquellos días en el Mesón de Santa Rosa, donde los integrantes del grupo actuaban y se involucraban en todo lo necesario para sacar adelante las funciones. “Nosotros poníamos los focos, éramos meseros, hacíamos los ponches y de todo”, relata.

Para Paty, esas experiencias se integraron a su vida hasta formar un “engranaje compacto y sólido” que la ayudó a crecer como mujer, actriz y profesionista. Por eso, cuando habla de la compañía, lo hace desde una perspectiva que trasciende el escenario: “Cómicos en mi propia historia de vida ha significado todo”.
Su memoria guarda con especial cariño a quienes formaron parte de las primeras etapas de su trayectoria. Tuvo la oportunidad de conocer a Paco Rabell, Anita Rabell, Juan Servín y Roberto Fajil, figuras que dejaron enseñanzas y recuerdos que permanecen hasta hoy.

Aquellas primeras generaciones dejaron en Paty una forma de entender el teatro y el compañerismo. Las llamadas de atención eran parte de la formación, pero ella las recuerda como consejos y maneras de acompañar a quienes comenzaban.
Con el paso de las décadas, ha sido testigo de la transformación de Cómicos de la Lengua y del propio aprendizaje teatral. Sus primeros ejercicios estuvieron marcados por la improvisación. Más adelante, fueron llegando otros aprendizajes como el movimiento sobre el escenario, el manejo de sus elementos y la construcción de los diálogos. Una formación que no ocurrió únicamente dentro de un aula, sino en el día a día, acompañada por quienes ya tenían experiencia.
Hoy, Paty reconoce la importancia de contar con personas dedicadas a la preparación de los diferentes grupos formativos, desde niñas y niños hasta jóvenes, adultos y adultos mayores. Para ella, esta evolución representa una diferencia importante respecto de aquellos primeros años en los que aprender significaba, principalmente, subir al escenario y experimentar.
Después de 47 años, no solo forma parte de la historia de Cómicos, sino que asumió la responsabilidad de dirigirla. Estar al frente de una agrupación con una trayectoria tan amplia representa para ella una satisfacción, pero también un compromiso con el público, con sus integrantes y con la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).
La responsabilidad, explica, no corresponde únicamente a quien ocupa la dirección. Detrás de cada función existe un equipo integrado por artistas, exdirectores, personal de comunicación, diseño y personas que contribuyen a que el trabajo continúe. Esa idea de comunidad también forma parte de lo que desea transmitir a las siguientes generaciones.

Cuando piensa en el legado que quiere dejar, habla de la continuidad. Le gustaría que los proyectos que se han impulsado durante su gestión permanezcan y que quienes lleguen después encuentren una agrupación dispuesta a seguir trabajando.
Cómicos de la Lengua representa también una parte de la identidad de la UAQ y de la propia ciudad. El escenario, la historia del grupo y el vínculo construido durante décadas han hecho de este espacio un referente para quienes forman parte de la comunidad universitaria y para quienes se acercan al teatro.
Hoy, Paty Murillo mira hacia atrás y encuentra en esos años una historia hecha de escenarios, trabajo, enseñanzas y afectos. Lo que comenzó como la admiración de una niña hacia su hermano mayor terminó convirtiéndose en una vida dedicada al teatro.
"Por Siempre UAQ" es una colaboración entre Gaceta UAQ y la Secretaría de Extensión y Cultura Universitaria.