Una vida dedicada a la ciencia

Desde hace más de cuatro décadas, la Dra. Ma. Guadalupe Flavia Loarca Piña ha construido una trayectoria que forma parte de la historia científica de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Su camino comenzó en 1981, cuando se incorporó a la institución como docente, convertiéndose en la primera Doctora en Ciencias de esta casa de estudios y en la primera mujer en alcanzar la categoría de Investigadora Nacional Emérita, la máxima distinción que otorga el Estado mexicano, a través del SNII (Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores).

Su historia académica no estuvo marcada por un solo momento, sino por decisiones que fueron abriendo nuevas posibilidades. Después de egresar de la Facultad de Química de la UAQ como Licenciada en Química Bióloga, trabajó en la empresa Del Monte; posteriormente, recibió una invitación para integrarse al entonces Centro Académico sobre Contaminación Ambiental (CEACA), donde comenzó su vínculo con la investigación universitaria. En aquel momento, los profesores contaban principalmente con estudios de licenciatura, pero las nuevas exigencias académicas plantearon la necesidad de continuar su formación. Así decidió trasladarse a Guanajuato para realizar estudios de posgrado y, más adelante, cursó el primer Doctorado en Ciencia de los Alimentos de la UAQ.

El camino para consolidarse como investigadora también implicó abrirse paso en espacios donde la presencia femenina era limitada. Al participar en comités del entonces Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, recuerda que con frecuencia era la única mujer entre numerosos hombres. Hacer escuchar su voz y defender sus opiniones fue parte de un proceso que requirió determinación, especialmente en una época en la que las condiciones de equidad eran distintas a las actuales. “Yo empecé a hablar más fuerte y a decir: oigan, estoy aquí”, recuerda sobre aquellos años en los que también tuvo que aprender a hacerse un lugar en espacios de decisión académica.

A lo largo de su carrera, la Dra. Loarca Piña ha dedicado buena parte de su trabajo al estudio del maíz y el frijol, dos alimentos fundamentales de la alimentación mexicana. Sus investigaciones han permitido identificar compuestos que, además de sus propiedades nutricionales, pueden contribuir a a prevenir el riesgo a desarrollar   enfermedades crónico-degenerativas no transmicibles , como la diabetes tipo 2, la obesidad y los padecimientos cardiovasculares y cerebrovasculares.

Para ella, estudiar los alimentos también significa mirar los cambios en nuestros hábitos y reconocer la importancia de recuperar una alimentación equilibrada. La investigadora advierte que el desplazamiento de productos tradicionales de la dieta de la milpa por alimentos de preparación rápida tiene consecuencias en la salud de la población. Por ello, considera que no existen alimentos ni medicamentos mágicos; sino que el bienestar requiere una combinación de buena alimentación y actividad física. Su reflexión parte de reconocer que, durante generaciones, el maíz, el frijol, el arroz y las verduras fueron parte esencial de la mesa mexicana, una tradición alimentaria que vale la pena recuperar.

Ese conocimiento también ha buscado llevarlo más allá de los laboratorios. Como parte de sus proyectos, desarrolló junto con su equipo productos elaborados con avena y frijol, entre ellos barras que fueron evaluadas en mujeres con niveles elevados de triglicéridos. Durante ocho semanas, las participantes consumieron estos productos como colación y los resultados mostraron una disminución en sus niveles de triglicéridos y en las medidas de cintura, además de una mayor sensación de saciedad. También trabajaron en la elaboración de totopos de maíz y frijol, con la intención de explorar alternativas alimentarias con beneficios nutricionales.

La investigación, sin embargo, no termina cuando se obtiene un resultado. Actualmente, uno de los proyectos que mantiene su interés es el desarrollo de una bebida vegetal a base de frijol, cuya patente obtuvo después de varios años de trabajo. Para avanzar hacia su posible transferencia, todavía se requieren ensayos biológicos y evaluaciones que permitan conocer sus efectos y características. En este proceso participan estudiantes de maestría y doctorado, una muestra de que la investigación también se construye mediante el trabajo colaborativo y la formación académica.

Precisamente, la formación de nuevas generaciones es uno de los aspectos que más valora de su trayectoria. A lo largo de los años ha acompañado a estudiantes que hoy son investigadores e investigadoras en distintas instituciones, algunos de ellos con importantes niveles de reconocimiento académico. Para la Dra. Loarca Piña, ese es uno de los impactos sociales más significativos de su trabajo, contribuyendo a preparar profesionales capaces de continuar generando conocimiento. Le produce especial satisfacción reencontrarse con quienes alguna vez estuvieron en sus aulas y laboratorios y descubrir cómo han desarrollado sus propias carreras científicas.

Uno de esos encuentros ocurrió durante una semana cultural, cuando varios de sus antiguos estudiantes se reunieron para reconocer su trabajo como pionera en el estudio del maíz dentro de su grupo de investigación. Algunos de ellos son ahora sus colegas, y escuchar sus palabras fue una sorpresa que la llevó a reflexionar sobre las enseñanzas que había compartido a lo largo de los años. No solo recordaron sus aportaciones científicas, también algunas actitudes que procuró transmitirles, como el respeto hacia los estudiantes, la cordialidad y la importancia de conducirse con consideración hacia los demás. Para ella, ser investigadora no significa dejar de lado el trato humano, pues la formación académica también se construye a partir del ejemplo.

Al hablar de su nombramiento como Investigadora Nacional Emérita, la Dra. Flavia deja ver su capacidad de reconocer a quienes han caminado a su lado. Aunque se siente profundamente orgullosa de haber alcanzado esta distinción, tiene claro que no es un logro individual. “No se logra solo, se logra trabajando en equipo”, expresa al recordar a sus estudiantes, compañeros y colegas de otras instituciones que han respaldado sus proyectos. Esta manera de entender la ciencia también habla de su forma de relacionarse con los demás, al ser una labor que requiere compartir conocimientos, escuchar otras voces y construir objetivos en común.

A quienes comienzan su camino en la ciencia, les sugiere creer en sus capacidades y no rendirse ante las puertas que se cierran. “Que no claudiquen”, aconseja, al recordar que obtener financiamiento para investigar puede implicar participar en distintas convocatorias, mejorar proyectos y volver a intentarlo. Su invitación es a mantener el entusiasmo y construir el propio camino académico, incluso cuando las oportunidades parezcan lejanas.

De esta manera, la historia de la Dra. Loarca Piña permanece ligada a la UAQ no solo por los años dedicados a la docencia y la investigación, sino por el conocimiento que ha generado, las generaciones que ha formado y el camino que abrió para otras mujeres en la ciencia. Una trayectoria que demuestra que la vocación por investigar también consiste en compartir lo aprendido, reconocer a quienes acompañan el recorrido y dejar que nuevas generaciones continúen haciendo preguntas.