Como parte de su servicio social en la modalidad de Trabajo Comunitario, estudiantes de distintas licenciaturas de la Universidad Autónoma de Querétaro participaron en el proyecto “Creación de espacios de mediación lectora a través de los libros álbumes para trabajar con infancias”, desarrollado en la comunidad de El Tejocote, municipio de Tequisquiapan.
El proyecto estuvo a cargo de la Dra. Cutzi Luz María Quezada Pichardo y la Dra. Selene Maya, de la Facultad de Lenguas y Letras, y tuvo como objetivo diseñar e implementar talleres de mediación lectora dirigidos a niñas y niños de entre 6 y 12 años, a partir de una metodología especializada que permitiera el encuentro con la lectura desde el goce, la interpretación personal y el diálogo colectivo.
En esta experiencia participaron Ainara Zapata Rodríguez, Blanca Arauna Suárez Olguín, Derek Eduardo Contreras Olivares y Zacnité Soria Mota, estudiantes de la Licenciatura en Estudios Literarios; Ximena Villanueva Terrazas y Zaira Marian Corbella Hernández, de Psicología Social. A lo largo del proyecto, el equipo atendió aproximadamente a 18 niñas y niños, distribuidos en turnos matutinos y vespertinos, con la participación ocasional de infancias más pequeñas que se integraban al espacio de lectura.

De acuerdo con las y los estudiantes, el eje central del proyecto fue entender la lectura como una experiencia amplia, que va más allá del texto escrito. “No se trata solamente de leer palabras, sino de reconocer que hay muchísimas maneras de leer el mundo”, compartió Zacnité Soria Mota, al referirse al trabajo con libros álbum, donde la imagen, la interpretación y la experiencia personal de cada niña y niño se volvieron elementos clave.
La dinámica del servicio social implicó no solo la planeación e impartición de talleres, sino también la vida comunitaria, el trabajo colaborativo y la organización cotidiana. El grupo se dividía para atender los talleres, preparar alimentos, limpiar y planear las sesiones siguientes, generando espacios de diálogo al final del día para compartir lo vivido con la comunidad infantil.
Desde la mirada de las estudiantes de Estudios Literarios, el proyecto permitió replantear la lectura como una práctica viva y situada. Para Zacnité Soria Mota, uno de los mayores aprendizajes fue reconocer el interés genuino de las infancias por interpretar el mundo desde sus propias experiencias: “Nos sorprendió que muchos de los niños estaban interesados no tanto en lo académico, sino en las formas de leer el mundo, porque así es como ellos lo perciben”, señaló. Asimismo, destacó la disposición constante de la comunidad para que el proyecto pudiera llevarse a cabo, así como la participación activa de las y los niños en los talleres.
Por su parte, Zaira Marian Corbella Hernández, estudiante de Psicología Social, subrayó la dimensión comunitaria y humana que atravesó toda la experiencia. “Algo que me impresionó personalmente fue que la gente de allá es muy amable. Cuando tuvimos problemas con la difusión, ellos nos ayudaron; incluso cuando nos enfermamos, nos llevaban cosas o nos decían dónde conseguir comida barata”, compartió. Esta cercanía permitió que el proyecto se sostuviera más allá de los talleres, fortaleciendo el vínculo entre el equipo universitario y la comunidad de El Tejocote.
En el mismo sentido, Ximena Villanueva Terrazas resaltó las particularidades del contexto rural y cómo estas influyeron en la forma de relacionarse con las infancias. “Se siente mucho la calidez del ritmo de vida con el que se vive allá, es muy distinto a la ciudad”, explicó. Además, enfatizó que la percepción y las experiencias de las niñas y niños de la comunidad son distintas a las de contextos urbanos: “La perspectiva de los niños de esta comunidad es un poco más adulta, sus actividades y su manera de ver el mundo son diferentes”. Para ella, esta vivencia confirmó que el aprendizaje más significativo ocurre cuando la teoría se encuentra con la realidad.

Entre los principales retos enfrentados estuvo la difusión de los talleres, pues las fechas coincidieron con eventos comunitarios como graduaciones. Sin embargo, el acompañamiento de las y los habitantes de El Tejocote fue fundamental. “La gente de la comunidad fue muy amable; nos ayudaron a correr la voz, y siempre estuvieron dispuestos a apoyarnos”, señalaron las estudiantes, quienes destacaron la calidez y solidaridad que encontraron durante su estancia.
La experiencia también permitió a las y los participantes reflexionar sobre las diferencias entre las infancias en contextos rurales y urbanos, así como sobre los ritmos de vida de una comunidad pequeña, donde la cercanía y el cuidado colectivo son parte del día a día. Este acercamiento directo con la realidad social de la región representó un aprendizaje significativo tanto a nivel profesional como humano.
Finalmente, las estudiantes coincidieron en que este tipo de proyectos fortalecen la formación universitaria, al vincular el conocimiento académico con la práctica comunitaria. “Es muy distinto leer sobre la realidad que vivirla. La universidad nos brinda oportunidades que transforman nuestra manera de mirar y de ejercer nuestra profesión”, compartieron.
Además del impacto en la población infantil, la experiencia representó un ejercicio de interdisciplinariedad, al reunir a estudiantes de Estudios Literarios y Psicología Social en un mismo espacio de intervención. Esta colaboración permitió enriquecer los talleres desde distintas miradas, combinando el análisis literario, la mediación cultural y la comprensión de los procesos psicosociales presentes en la infancia. Para las estudiantes de Psicología, participar en un proyecto originado desde otra licenciatura amplió su comprensión sobre el trabajo comunitario y el valor de construir saberes desde la práctica compartida.
Las y los participantes destacaron que el servicio social no solo les permitió aplicar conocimientos adquiridos en el aula, sino también desarrollar habilidades como la empatía, la escucha activa y el trabajo en equipo, fundamentales para su ejercicio profesional futuro. La convivencia cotidiana con la comunidad de El Tejocote dejó aprendizajes que trascienden lo académico y reafirmó la importancia de generar proyectos universitarios con enfoque social, donde la lectura se convierte en un puente para el encuentro, el diálogo y la construcción colectiva de significados.