Este artículo fue desarrollado por la Dra. en C.S. Ruth Magdalena Gallegos Torres, académica de la Facultad de Enfermería, quien, desde su experiencia profesional y académica, aborda la importancia de la salud mental en el contexto universitario, así como la necesidad de fomentar el autocuidado, la detección oportuna y la adopción de estrategias que contribuyan al bienestar integral de la comunidad.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud mental se define como “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, trabajar de forma productiva y fructífera, y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.

Como docentes, lo sabemos: ¿quién de nuestros alumnos no ha presentado, desde la pandemia, ansiedad o depresión?, ¿cuántos jóvenes universitarios han tenido que recurrir a tratamiento médico para el manejo de estas condiciones? Y eso, sin siquiera hablar de evaluarnos a nosotros mismos.

En 2024, de más de 300 mil casos atendidos en el sistema de salud mexicano por situaciones vinculadas a la salud mental, el 52.8 % correspondió a ansiedad y el 25.1 % a depresión. El porcentaje restante se distribuye entre Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, diversos trastornos psiquiátricos, trastornos de la conducta, entre otros.

Como se señala en la definición de la OMS, parte de la salud mental implica el autoconocimiento, un aspecto que debe fomentarse en todos, especialmente en los estudiantes, de manera que puedan reconocer claramente las “banderas rojas” de alarma, saber qué hacer ante ellas y considerar alternativas como el deporte o la actividad física, ampliamente documentadas por su efecto positivo o paliativo en estas condiciones.