Este artículo fue desarrollado por las estudiantes Kenia Xiomara Campos Pérez y Karla Paola Hernández Conde, de la Facultad de Enfermería, con el objetivo de reflexionar sobre los retos que implica el embarazo durante la etapa universitaria y su impacto en la vida académica y personal de las estudiantes.
Ser estudiante universitario implica mucho más que asistir a clases o cumplir con actividades académicas. Es una decisión que marca un momento importante en la vida, ya que representa el deseo de crecer, aprender y construir un futuro profesional. Esta etapa no solo se trata de adquirir conocimientos, sino también de desarrollar habilidades, fortalecer el pensamiento crítico y descubrir capacidades personales que muchas veces permanecían desconocidas.
La vida universitaria suele estar llena de retos. En el camino aparecen miedos, dudas e inseguridades, así como la presión por cumplir expectativas propias y ajenas. Al mismo tiempo, surgen ilusiones, metas y sueños que motivan a seguir adelante. Aprender a gestionar estas emociones forma parte del proceso y contribuye al crecimiento personal de cada estudiante.
Cuando a esta realidad se suma una situación adicional, como un embarazo, la carga de estrés se vuelve aún mayor. Vivir un embarazo mientras se continúa con los estudios implica enfrentar dos procesos exigentes de manera simultánea. Para muchas mujeres, esta situación conlleva cambios físicos y emocionales que influyen en su vida cotidiana. El cansancio, las molestias físicas, los cambios de humor y la dificultad para dormir pueden dificultar el cumplimiento de las actividades escolares de la misma forma que antes.
Además de los cambios físicos, las emociones desempeñan un papel fundamental. La preocupación por el futuro, el miedo a no poder continuar con los estudios o a no cumplir con las expectativas propias y de los demás pueden generar ansiedad y estrés. Muchas estudiantes deben aprender a organizar su tiempo entre clases, tareas, citas médicas y responsabilidades familiares, lo cual no siempre resulta sencillo, especialmente cuando no cuentan con apoyo suficiente.
Esta presión constante puede derivar en sentimientos de agotamiento y, en algunos casos, en la consideración de abandonar los estudios. No siempre se trata de falta de interés o compromiso, sino de la dificultad para equilibrar múltiples responsabilidades al mismo tiempo. Cuando las instituciones educativas no ofrecen comprensión, flexibilidad o acompañamiento, la situación se vuelve aún más compleja.
Ante este panorama, resulta importante reflexionar sobre cómo las estudiantes enfrentan la transición hacia la maternidad mientras continúan su formación profesional. Esta etapa implica una reorganización profunda en distintos ámbitos de la vida, ya que no solo transforma las rutinas diarias, sino también la forma en que las jóvenes se proyectan hacia el futuro. Muchas estudiantes comienzan a replantear sus metas personales y profesionales, buscando equilibrar sus aspiraciones académicas con las responsabilidades que implica la llegada de un hijo.
Por ello, es importante el autocuidado mediante el uso de métodos anticonceptivos apropiados para evitar un embarazo no planeado cuando ya se tienen relaciones sexuales. Ante la duda sobre qué opción resulta más conveniente en cada caso, se sugiere acercarse a las diversas áreas de salud de la universidad para contar con la mejor información.