La presente nota fue desarrollada por Venus Soleil Reyes Benítez, colaboradora de Gaceta UAQ, como parte del compromiso de este medio institucional con la difusión del quehacer universitario.
El Mtro. Carlos Antonio Gordillo Muñoz, encargado del Área de Difusión y Diseño de la Facultad de Filosofía, quien desarrolla su trabajo artístico bajo el seudónimo de JukilitaKalavera, presentó la exposición “La danza de los Xitas: cosmovisión otomí/mazahua”, en la que plasmó la celebración del tradicional Jueves de Corpus en la cultura otomí y mazahua, conocida coloquialmente como “Danza de los viejos”.

La muestra propone una perspectiva centrada en la tradición a las artesanas y artesanos que hacen posible la celebración, a través de la elaboración y confección de los vestuarios de los danzantes. Se trata de un proyecto híbrido entre la fotografía documental, la fotografía antropológica y la intervención de las obras mediante distintos materiales plásticos; a esta propuesta el autor la denomina “collage documental”.
El trabajo tiene como objetivo revitalizar la cultura y las tradiciones de los pueblos originarios, así como ofrecer al público una mirada que, en muchas ocasiones, permanece poco visible: la de las personas que hacen posible que estas expresiones continúen vigentes.
El artista compartió que gran parte de la inspiración para dar continuidad al proyecto surge de la riqueza cultural del país, así como de la dificultad de abarcar múltiples territorios o generar registro de ellos, lo que vuelve indispensables iniciativas que contribuyan a su preservación.
Este trabajo ha sido desarrollado a lo largo de casi 13 años. Su interés por la tradición comenzó cuando se desempeñaba como docente en una zona mazahua, donde, a partir de su formación en arte y diseño intercultural, se propuso documentar la celebración de la Danza de los Xitas. Este acercamiento con los pueblos otomí y mazahua le permitió reunir las primeras piezas de la colección.
Actualmente, la colección se integra por 13 piezas; sin embargo, JukilitaKalavera expresó que su intención es consolidarla con 25. Además, el proyecto está organizado en temporadas: la primera, titulada “Los inicios”; la segunda, “Nuevas generaciones”; y la tercera, aún en desarrollo, “Artesanas y artesanos”.

Las obras tienen su origen en la comunidad de Temascalcingo, Estado de México, donde conviven poblaciones mazahuas y otomíes, consideradas culturas hermanas. Por ello, las fotografías han sido intervenidas con fragmentos de diálogos en lengua otomí.
“Lo que estoy haciendo en estas intervenciones de mi fotografía con la lengua otomí es poder revitalizar o aportar, a partir del arte, al fortalecimiento de la lengua, sobre todo la otomí, para que no se siga perdiendo y que, a través de estos textos, se genere cierta incógnita en torno a lo que está escrito”, compartió.
Más que narrar una historia, la exposición busca generar un diálogo entre las imágenes y el público. Se trata de una obra que se completa con las interpretaciones, emociones y reacciones de quienes la observan. De acuerdo con el autor, la intención es provocar una experiencia que interpela al espectador: “para bien o para mal, todo depende de quién mire”.
Asimismo, el artista busca acercar al público a la obra mediante su participación directa, invitándolo a intervenirla y a cuestionar los esquemas tradicionales e institucionales que conciben el arte únicamente como un objeto de contemplación.
“Es algo para lo que también es la obra: si la gente la quiere arrancar, que la arranque. Estamos acercando al público a que toque la obra, a que la intervenga, a que no solamente la tenga que ver a un metro de distancia, porque si no ya te dicen: ‘por favor, hazte para atrás, no toques la imagen’”, señaló.
Una de las principales enseñanzas que el autor obtuvo durante su convivencia con las comunidades mazahuas y otomíes fue su cosmovisión, centrada en la empatía, el respeto, la unión y el reconocimiento de la otredad.
“Es todo un universo en el que estamos todas y todos involucrados; este universo también implica la convivencia con la naturaleza: todo tiene vida y todo se debe respetar. Sobre todo, porque cuando se realizan estas danzas (que son peticiones de lluvia conforme al ciclo agrícola) se pide a la deidad del agua que las lluvias sean abundantes para alimentar al pueblo y, en este caso, también a la ciudad”, explicó.
La colección fue expuesta en el Centro Académico Cultural de la UNAM, Campus Juriquilla. Asimismo, se contemplan otros espacios para su difusión, y se prevé que la muestra viaje próximamente a su lugar de origen, en Temascalcingo.

Finalmente, el artista hizo un llamado a la comunidad a continuar creando y trabajando en favor de las tradiciones y la riqueza cultural del estado, de los municipios y del país, desde una perspectiva basada en el intercambio de conocimientos y la colaboración.