Para el Mtro. Carlos Iván Morales Bárcenas, la enfermería y la docencia comparten una misma esencia que es el cuidado. Cuidar a los pacientes, cuidar a los estudiantes y, sobre todo, cuidar la formación de quienes algún día tendrán en sus manos la salud de otras personas.

Egresado de la Licenciatura en Enfermería de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), Campus San Juan del Río, especialista en Cuidados Intensivos por la Universidad Nacional Autónoma de México y en Administración y Gestión de los Servicios de Enfermería por la UAQ, el Mtro. Morales Bárcenas ha construido una trayectoria marcada por la preparación constante, la cercanía con sus estudiantes y el compromiso con una atención de salud más humana.

A cinco años de incorporarse como docente de la Facultad de Enfermería, su nombre forma parte de los galardonados con el Premio Xahni 2026, el máximo reconocimiento que la UAQ otorga a su labor docente. Sin embargo, para él, el verdadero origen de ese reconocimiento se encuentra mucho antes de recibir cualquier premio.

Cuando recuerda los momentos que definieron su vocación, piensa inevitablemente en los maestros que marcaron su formación profesional. Entre ellos destaca a la Mtra. María Luisa Leal Correa, quien le abrió las puertas de la facultad y lo impulsó a iniciar su camino en las aulas, así como la Mtra. María Luisa Ballesteros. Aquellas figuras docentes no sólo le enseñaron conocimientos, sino que le mostraron el tipo de profesor que algún día quería llegar a ser.

Aunque siempre soñó con dedicarse a la enseñanza, fue la experiencia profesional en los servicios de salud la que terminó por darle sentido a ese anhelo. Al observar las dificultades que enfrentan muchos profesionales al incorporarse al campo laboral, identificó la necesidad de fortalecer la formación humana y ética de quienes brindan atención a los pacientes. “Quise involucrarme en la formación de los estudiantes para tratar de cambiar las cosas y que se hagan de una mejor manera”, explica.

Esa convicción se ha convertido en el eje de su trabajo docente. En este sentido, desde su punto de vista, la educación no consiste únicamente en transmitir conocimientos técnicos; implica formar profesionales capaces de comprender que detrás de cada procedimiento existe una persona que requiere atención, empatía y respeto.

Paradójicamente, en ese proceso de enseñanza también ha sido él quien más ha aprendido. El Mtro. Carlos Iván reconoce que sus estudiantes han transformado su manera de ver la vida. El diálogo cotidiano con ellos le ha permitido comprender que la educación es un proceso compartido, donde docentes y alumnos crecen juntos.

“Ellos tienen el futuro de la salud en sus manos”, afirma. Por ello, considera que cada clase representa una oportunidad para aportar un pequeño pero significativo elemento a la formación de quienes serán los profesionales responsables del bienestar de miles de personas.

Entre las experiencias que más han marcado su carrera existe una que guarda un significado especial. Hace un año perdió a su madre, una figura fundamental en su vida. Durante mucho tiempo ella lo acompañó a la facultad y conoció de cerca el vínculo que había construido con sus estudiantes.

Tras su fallecimiento, recibió de ellos muestras de afecto y solidaridad que nunca olvidará. Los abrazos, las palabras de apoyo y la empatía que encontró en sus alumnos durante uno de los momentos más difíciles de su vida le confirmaron que la relación construida dentro del aula trasciende los contenidos académicos.

Aquella experiencia reforzó su convicción de que la empatía es un valor que ningún docente universitario debería perder.

En una época marcada por cambios constantes en los modelos educativos, considera que comprender las realidades individuales de cada estudiante resulta indispensable para generar aprendizajes significativos. “Cada cabeza es un mundo”, señala, convencido de que la cercanía humana sigue siendo una de las herramientas más poderosas para enseñar.

La noticia de haber sido elegido para recibir el reconocimiento llegó de manera inesperada mientras se dirigía a su trabajo. Al leer el correo, una serie de recuerdos acudieron de inmediato a su mente, especialmente las palabras que su madre le repetía cuando observaba las largas jornadas de estudio y trabajo que asumía día tras día. “Todo este esfuerzo que estás haciendo va a tener una recompensa”, le decía.

La emoción fue inevitable. Más que un reconocimiento individual, el premio se convirtió en una confirmación de que los sacrificios, las horas de preparación y el compromiso con sus estudiantes han tenido sentido. Este galardón lo impulsa a seguir preparándose, actualizándose y buscando nuevas herramientas para ofrecer una mejor formación a quienes pasan por sus aulas.

Cuando habla del legado que espera dejar, no menciona premios ni logros profesionales. Su deseo es que sus estudiantes recuerden a un maestro que los escuchó, que comprendió sus necesidades y que los inspiró a seguir creciendo.