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Dormir distinto, comer de otra manera o alejarse de los demás son cambios cotidianos que merecen atención. Desde la Facultad de Psicología y Educación (FPSYE) de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) se invita a mirar con más cuidado el entorno en el que crecen niñas, niños y adolescentes.
Además de esas variaciones en el sueño, la alimentación o la convivencia, hay otras señales que conviene no pasar por alto: el aislamiento, el desinterés por actividades que antes disfrutaban, los giros bruscos de comportamiento o la pérdida de entusiasmo por los proyectos propios. Reconocerlas a tiempo permite buscar acompañamiento y orientación especializada.
El Mtro. Alejandro Morales Herrera, coordinador de Extensión, Vinculación y Servicio Social de la FPSYE, afirmó que hablar de estos temas desde etapas tempranas deja herramientas para construir relaciones más saludables. Explicó que escuchar, ser empáticos y reconocer lo que necesitan las infancias y adolescencias fortalece su capacidad para enfrentar los desafíos que trae el crecimiento.

En ese proceso, subrayó, madres, padres y personas cuidadoras son una pieza decisiva. No se trata de grandes gestos: conversar, leer juntos, jugar, pasar tiempo de calidad y mantener una comunicación cercana generan confianza y ayudan a resolver los conflictos de manera pacífica, con respeto de por medio.
Para el catedrático, la prevención tampoco es tarea de un solo actor. Requiere sumar a familias, escuelas y comunidad en una visión integral. Acompañar, fomentar una convivencia respetuosa y detectar a tiempo las situaciones de riesgo puede ayudar a reducir problemas como la violencia, el consumo de sustancias y las conductas autolesivas.
Con esta reflexión, la UAQ refrenda su disposición de seguir impulsando iniciativas que apuesten por una sociedad que se informe y se involucre en el bienestar de las nuevas generaciones.