Autora: Mtra. María Paulina Krausse 

Consejería Comunitaria de la Coordinación de Mecanismos para la Igualdad de Género, adscrita a la Dirección de Inclusión e Igualdad de Género para una Cultura de Paz.


En 2019, según la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, las mujeres apenas ocuparon una quinta parte de los libros publicados en el país. Ese número no es casualidad, la literatura ha sido históricamente un territorio apropiado por las voces masculinas, las cuales han establecidos relatos sobres las mujeres más que desde las mujeres. Basta revisar el canon para comprobarlo: las protagonistas o personajes feminizados han sido moldeados por la mirada del otro, reducidas a objetos de representación, simplificadas y limitadas a los imaginarios, deseos y miedos de quienes las escriben. Vírgenes inalcanzables o depósito de ideales, madres abnegadas, esposas que sólo esperan, y “seres no domesticados” entregados a la naturaleza de los excesos y el placer.

 

Frente a eso, el Club Salvaje de Lectura y Escritura surge para convocar a leer a aquellas autoras que no sólo escriben desde sus experiencias como mujeres en contextos de violencia, de guerra o territorios colonizados, de mandatos de género o resistencias, sino porque son creadoras de otros sentidos, imaginarios, deseos y representaciones sociales. Samantha Schweblin, Fernanda Melchor, María Fernanda Ampuero, Han Kang, Mariana Enríquez, Pilar Quintana, Liliana Colanzi, Gabriela Jauregui. En sus obras, lejos de buscar consagrarse o de demostrar que las mujeres también “pueden” escribir, se puede observar cómo lo íntimo se vuelve amenaza, cómo la maternidad no es refugio sino algo perturbador y cómo el deseo se desdibuja con lo terrorífico.

 

Pero la intención de este club es también hacer nuestras propias narrativas como praxis de la mirada crítica y del deseo. Porque no se trata de quedarnos en la admiración ni en análisis literarios, sino de escribir, aunque lo que salga sea desagradable, de ensuciarnos las manos, de perder el miedo a la hoja en blanco. Soltar la mano a través de ejercicios de escritura.

 

Porque el problema no es sólo que el canon históricamente excluya a las mujeres, sino que existe un imaginario colectivo de que no todos, no todas, no todes podemos escribir, ya que no siempre tenemos el don o el talento, haciendo de la escritura algo reservado para ciertas personas. Donde es casi obligatorio tener el visto bueno de una editorial, ganar un premio, tener padrino, o pertenecer a un gremio. Pero no debería ser así porque es una forma de vida, una práctica cotidiana. Por eso este club plantea la publicación autogestiva y la edición independiente de los textos que vayamos construyendo en el proceso, una antología colectiva. La escritura como acto de desobediencia y la publicación como territorio de autonomía.

 

Dirigido a estudiantes mujeres y de la comunidad de las diversidades y disidencias de la UAQ, el club se plantea los jueves quincenales en CU, comenzando la segunda semana de agosto. En cada sesión, se explorará una obra y se escribirá.  A cargo de la Mtra. María Paulina Krausse desde la Consejería Comunitaria de la Coordinación de Mecanismos para la Igualdad de Género, adscrita a la Dirección de Inclusión e Igualdad de Género para una Cultura de Paz.

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“No venimos a demostrar que las mujeres también escriben. Venimos a escribir como si se nos fuera la vida en ello”