Yalul Gpe. Cruz Muñoz , reportera y editora en Imagen Universitaria | 2000 - 2012
La Universidad no puede comprenderse ni evocarse sin la memoria de su historia. Su trayectoria ha estado marcada por personas, procesos, transformaciones y experiencias que, a lo largo del tiempo, han contribuido a forjar su identidad y han dejado una huella imborrable en su devenir institucional.
¿Cuántas historias habitan cada espacio, cada rostro y cada generación de estudiantes, docentes y personal administrativo? El paso del tiempo se refleja en las miradas, en los rincones, en las palabras y las imagénes. Son esas memorias las que dan sentido a nuestra comunidad y nos permiten reconocernos en una historia compartida.
La Universidad Autónoma de Querétaro narra su historia a través de aquello que nos une: los encuentros, los diálogos, los aprendizajes y las experiencias que, generación tras generación, fortalecen el vínculo con nuestra institución.
Tras el paso del tiempo, hoy nos corresponde mirar hacia atrás con gratitud para añorar, revivir y recordar todo aquello que hemos compartido y construido en esta noble institución. En lo personal, mi vínculo con la Universidad ha sido profundo y significativo: la he vivido desde mis años de formación académica y, posteriormente, desde el espacio de desarrollo profesional que me ha permitido crecer, aprender y contribuir a su fortalecimiento.
Aprendí a observarla más allá de sus aulas y edificios; a comprender sus procesos, a recorrer sus espacios y a descubrir las historias que habitan detrás de cada rostro. Con el tiempo, aprendí también a reconocer su transformación constante, a valorar su grandeza en movimiento y a comprender que contarla es, en sí mismo, un privilegio.
Fueron apenas doce años como reportera en un medio institucional; sin embargo, hoy esos años condensan toda una vida de experiencias, aprendizajes y encuentros. Cada edición representó un reto y una oportunidad para narrar la vida universitaria desde distintas perspectivas, registrar sus cambios y preservar fragmentos de su memoria.
Detrás de cada rector y de cada discurso; detrás de una grabadora, una libreta de apuntes o la expectativa de una visita, se fueron tejiendo historias que hoy permanecen vivas. Desde la redacción en Imagen Universitaria queda la transformación de la Universidad en sus espacios y en sus personas. Quizá por ello la siento tan cercana, como se siente aquello que ha acompañado silenciosamente la propia vida.
Vuelve entonces la admiración y el respeto por quienes fueron mis jefes; regresan los compañeros que se volvieron cómplices de oficio y testigos del mismo quehacer cotidiano. Permanece también el profundo respeto por la institución, por su gente y por la huella que deja en quienes la habitan.
Imagen Universitaria fue testigo del quehacer periodístico que documentaba la vida en la institución. A través de su ejercicio cotidiano visité lugares que hoy son símbolo de evolución y expansión; caminé espacios donde la educación era aún promesa y esperanza, viendo en los rostros el deseo de un futuro posible. Fui testigo del crecimiento de innumerables historias de vida y del trabajo silencioso que muchas veces no se cuenta, pero sostiene a la institución.
Conversé, aprendí y descubrí aquello que no siempre se dice: la amistad, el trabajo en comunidad, la construcción colectiva de sentido. En Imagen Universitaria aprendí todo. Y entendí que detrás de cada imagen, cada texto y cada entrevista hay una forma de preservar la memoria. Quizás por ello, la Universidad está en constante transformación, y narrarla desde dentro ha sido un privilegio.
Atesoro las charlas inagotables en los pasillos de Química e Ingeniería; en Contaduría descifré lo que nunca pensé comprender, sus números; mientras que en Psicología coseché amistades entrañables. Derecho fue el puente perfecto donde mi vocación de científica social encontró asidero; de Informática admiré siempre su laboriosa complejidad, aunque mi propio avance en sus terrenos fuera tímido.
En los rostros de Bachilleres vi el entusiasmo y el ímpetu por hacer; en Lenguas y Letras admiré la dedicación que se hace por el cuidado de la lengua y sus grandes historias; en Artes, ví su transformación y evolución en cada paso, y claro, conservo recuerdos particularmente de plásticas; en Naturales, admiré la armonía que existe entre todos los seres vivos y reconocí que nuestras acciones pueden ayudar a conservar ese equilibrio o ponerlo en riesgo.
Gracias a Enfermería y Medicina tuve la oportunidad de conocer y recorrer los rincones de la Sierra. Cada sendero, cada comunidad y cada paisaje me revelaron una realidad llena de esfuerzo, esperanza y humanidad. A través de la Filosofía descubrí que cada experiencia, reto y aprendizaje son parte de una búsqueda constante de conocimiento y comprensión.
Y de mi Facultad, Políticas y Sociales, entendí que la esencia de esta disciplina reside en su valentía para enfrentar la realidad interrogando el todo: las certezas, las dudas, los problemas y las posibilidades. En ese ejercicio constante de pensar y repensar, encontré una invitación a mirar la vida con mayor profundidad, conciencia y sentido crítico.
Por ello, Imagen Universitaria representó en su momento las memorias que se niegan a desvanecerse, habitando eternamente en la tinta; esas historias puestas en cada nota escrita, en cada fotografía capturada y en cada voz que escuché durante las entrevistas; sí, desde la primera encomienda hasta el último renglón, lo llevo vívidamente.
Nuestra Universidad es un ente vivo, al igual que la historia de quienes tuvimos el inmenso privilegio de narrarla. Al volver la mirada, comprendo que nuestro oficio fue mucho más allá del simple registro de los acontecimientos: nos convertimos en testigos de los sueños, de los proyectos y del trabajo que forjó a generaciones enteras. Y aunque el reloj imponga su marcha inexorable, ahí quedan las palabras impresas, las imágenes congeladas en el tiempo y la profunda gratitud de haber contribuido, desde la trinchera periodística, a salvaguardar un fragmento de la memoria universitaria.
Tras más de dos décadas de andar estos pasillos, el tiempo me enseñó a llevar la institución con la responsabilidad que eso implica. Aprendí a moldear y a comprender que los compromisos laborales no son promesas al aire, sino el deber inquebrantable que se asume en el día a día. Porque las grandes instituciones se cimientan con los recuerdos de quienes las habitan. Y en cada página de Imagen Universitaria se encuentra el fragmento irremplazable de esa historia; un hilo invisible que, a pesar de los años, nos sigue uniendo.
Detrás de Imagen Universitaria permanece un ejercicio periodístico forjado por el paso del tiempo y las experiencias de vida de quienes la integraron. El anecdotario, sí ese de las historías detrás… quedará para otra ocasión.