A finales de los setenta, siendo una joven estudiante, Dora Elizabeth González llegó a la oficina de prensa para ocupar una plaza temporal como secretaria. Ese sería el inicio de una trayectoria que la llevaría a encabezar uno de los espacios informativos más relevantes de la institución.
Su buena ortografía le permitió colaborar en Diálogo Universitario, una hoja informativa, elaboraba artesanalmente que circulaba antes de Gaceta. En esos tiempos, la información se reproducía mediante calcas y cada ejemplar implicaba horas de trabajo manual.
Su formación estuvo marcada por la UAQ; estudió la preparatoria, la Licenciatura en Derecho y la Maestría en Filosofía en la institución. Sumando una especialidad en Comunicación y Periodismo en el Instituto de Radio y Televisión Española, en Madrid, lo cual fortaleció su interés por los medios.
El comienzo de todo
En los noventa, el entonces Director de Comunicación, Eduardo Vallejo Sánchez, y el Rector, Jesús Pérez Hermosillo, le propusieron asumir la Coordinación de Prensa. Con ello, asumió también la responsabilidad de dirigir Gaceta, una publicación que, desde su perspectiva, debía convertirse en más que un órgano informativo. “La Universidad hacía cosas extraordinarias que no se
conocían”, señala. Su objetivo fue visibilizar el trabajo en las facultades, así como acercar
las investigaciones a la comunidad.
Una radiografía de la Universidad
Durante una década frente a la coordinación, "Liz" fue testigo de muchas transformaciones. Cubrió sesiones del Consejo Universitario, la creación de programas académicos, el crecimiento de las facultades y acontecimientos como la colocación de la primera piedra del Campus Juriquilla. Cada edición era una radiografía del momento que vivía la Universidad.
Sin embargo, detrás de cada número había esfuerzo compartido. El equipo era reducido y realizaban múltiples funciones; no existían correos electrónicos ni plataformas digitales; entregaban las notas personalmente al periódico, tv o radio; las fotografías se revelaban en laboratorios y la edición requería largas jornadas que se extendían hasta la noche. “Los viernes nos la vivíamos armando la publicación”, recuerda. Entre imágenes recién reveladas y correcciones de último momento, el equipo trabajaba hasta concluir cada número con la convicción de contar la historia de la UAQ.

Un espacio para escuchar
Gaceta se convirtió en un espacio para escuchar. Liz insiste en que una de sus fortalezas fue su capacidad para representar a la comunidad. “Tan importante era el Rector como el administrativo”, afirma. Esa visión se reflejaba cada día: las fotos mostraban estudiantes reales, no modelos; las investigaciones se explicaban para el público; los logros académicos convivían con las actividades culturales, deportivas y sociales que daban vida a la comunidad.
En sus recuerdos permanece el ambiente esos años, lleno de compañerismo, solidaridad y amistad. Recuerda jornadas extenuantes en las que compartían comidas improvisadas, campañas de apoyo social organizadas junto con Radio Universidad y proyectos que involucraban a distintas áreas. “Parecía que no trabajábamos, por lo felices que éramos”, recalca.

Conectar personas
Para ella, la responsabilidad de la comunicación, más allá de informar, es conectar personas, construir identidad y preservar la memoria. Por otra parte, en una institución tan diversa como la UAQ, la revista permite vincularse.
A 45 años de la creación de Gaceta, Liz observa con admiración su evolución. Reconoce los avances, la rapidez de los medios digitales y la profesionalización de los procesos. Sin embargo, considera que el mayor valor sigue siendo documentar con autenticidad.
Lo que para ella representa Gaceta es: “Personas geniales que me hicieron conocer el lugar que habitaba. Aquí reside su esencia, en ayudar a una comunidad a reconocerse, encontrarse y guardar lo que han construido en la historia.”