Mtro. Jaime Zúñiga Burgos, cronista del estado de Querétaro.
La historia se construye colectivamente con la voz y la memoria de quienes han formado parte de ella a lo largo del tiempo. Por eso es importante continuar escribiéndola en comunidad.
La Universidad Autónoma de Querétaro ha sido, durante muchos años, la rectora de la educación en nuestro estado por su arraigo, su prestigio moral y la rectitud que la ha distinguido a lo largo de las generaciones. Cuando fui estudiante, era muy distinta a la que hoy conocemos. Estudié en la antigua Preparatoria Centro, un espacio que ha sido sede educativa desde el siglo XVII. En aquellos años éramos, a lo mucho, 350 estudiantes.
He visto crecer a la institución y también a Querétaro. Ambos procesos han ido de la mano; la historia de nuestro estado y de nuestra Universidad no pueden separarse. Muchas generaciones han egresado de sus aulas y forman parte de la vida política, social, académica, científica y cultural del entorno.
La calidad de su educación ha permitido que profesionistas queretanos ocupen espacios de primera línea en todas las disciplinas. Antes había unas cuantas carreras; hoy existen más de ochenta. Para quienes vivimos cuando las opciones educativas eran limitadas, este crecimiento resulta extraordinario. La Universidad ha sabido transformarse sin perder de vista su esencia, siempre bajo el lema que la distingue: "Educo en la Verdad y en el Honor".
Reconozco el valor que tiene una publicación como la gaceta. Quienes conocemos el esfuerzo que implica sostener un medio editorial, sabemos que llegar a 45 años no es algo común. En mi época hubo intentos de publicaciones que alcanzaban tres o cuatro números antes de desaparecer. Gaceta ha logrado permanecer porque ha sido un organismo de enlace con los estudiantes, la ciudadanía y la sociedad. Ha difundido cultura, compartido conocimiento y mostrado el sentir universitario.
Soy parte de una generación que conoció el olor de la tinta, el peso de una revista entre las manos y el esfuerzo que representaban la impresión y la distribución de cada ejemplar. También me ha tocado presenciar la transición hacia los formatos digitales; los medios cambian y las tecnologías evolucionan, pero el propósito se mantiene.
Saber de dónde venimos nos permite entender hacia dónde vamos. Sentirse parte de ese recorrido genera arraigo, permanencia y pertenencia. Nos recuerda el esfuerzo de quienes construyeron la Universidad con talento, empeño, voluntad y vocación. Cada generación tiene la responsabilidad de rescatar su camino y sus valores; al hacerlo, también se revalora a sí misma.
Después de 45 años, Gaceta sigue teniendo sentido, pues registra el trabajo cotidiano de una comunidad, documenta su tiempo y deja constancia de aquello que, de otro modo, podría perderse. Su mayor valor es permitir que las futuras generaciones conozcan quiénes fuimos, comprendan lo que construimos y encuentren, en ese recorrido, razones para sentirse orgullosamente parte de la Universidad Autónoma de Querétaro.