Las personas dentro de la población autista históricamente han sido invisibilizadas y relegadas a narrativas en las que sus características particulares son consideradas como mala conducta, o una sentencia de incapacidad. Anteriormente el autismo estaba clasificado como un retraso mental; era un terreno poco explorado e invisibilizado pues no existían parámetros que lograran entender la amplitud del espectro.
Tampoco era común que se diagnosticara de manera oportuna, y los registros de detección eran bajos, no porque no existieran personas autistas, sino porque el diagnóstico era algo poco accesible. Hoy se estima que aproximadamente 1 de cada 100 personas en el mundo es parte de la población autista. A pesar de los avances en la investigación alrededor de esta condición, la desinformación y prejuicios continúan.
Inclusión y Autismo es un espacio de acompañamiento psicológico para personas que son parte de esta población, en cualquier rango de edad, que busca concientizar a la población general sobre las implicaciones alrededor de este neurotipo, brindarles acompañamiento y atención psicológica, además de talleres para sensibilizar e informar acerca del tema. Desde una perspectiva centrada en el respeto a las diferencias y los derechos humanos.
Parte del interés de la coordinadora del proyecto, la Lic. Mary Carmen Tenorio Guzmán, quien es egresada de la licenciatura en Psicología Educativa de la Facultad de Psicología de la UAQ, quien, al identificar el vacío de información, formación desde las universidades, herramientas y el olvido institucional, buscó el apoyo necesario para que el proyecto despegara.
Reflexionó que muchas de las limitantes a las que se enfrentan las personas autistas provienen del juicio social, a veces encasilladas en una enfermedad que se tiene que “curar”, una perspectiva completamente alejada de la realidad. Por lo que el programa busca contraponerse a esa narrativa, desde un enfoque neuro afirmativo integral, para crear espacios seguros y respetuosos en donde el autismo y las neuro divergencias sean comprendidas desde su propia óptica.
“El gran propósito es sensibilizar a todas y todos de que el autismo es una condición, pero es también un neurotipo, es decir, un cerebro que procesa la información de manera diferente. Esto requerirá que muchos tengamos que aprender y hacer ciertos ajustes en nuestros espacios. No precisamente que la persona autista tenga que cambiar y ser alguien neurotípica”, comentó la Lic. Tenorio.
Como parte de los Central de Servicios a la Comunidad (CeSeCo), clínicas de atención a la salud mental que se sostienen, principalmente, por estudiantes de la Facultad de Psicología y voluntarios. Como su nombre lo indica, funcionan como espacios de vinculación social y apoyo comunitario.

El propósito de las terapias es conocer de qué maneras se manifiestan estos rasgos en cada persona, cómo influyen en su vida y en sus relaciones sociales y buscar estrategias para que estas cualidades sean reconocidas. “Entender a esa persona autista y entender sus características desde el respeto y desde los derechos humanos. Entender cómo está haciendo su procesamiento sensorial y buscar de qué maneras, en todos los otros espacios que habitan, no solo en el consultorio, esa diferencia neurológica sea respetada”, señaló la Lic. Tenorio Guzmán.
Pensando en retrospectiva, el primer y más significativo acercamiento que motivó a Mary Carmen Tenorio a buscar un el espacio institucional para atender en esta área se remonta a sus primeros años de desempeño profesional en donde trabajó como acompañante terapéutica escolar de un infante con autismo al que le estaban negando el derecho a la educación porque la institución en donde estudiaba no tenía las herramientas necesarias para atender sus necesidades.
Dentro de esta experiencia Mary Carmen pudo vivir junto al infante la exclusión social que atravesaba en su entorno: “Esta vivencia me tocó profundamente porque, digámoslo así, yo me volví como una extensión del pequeñito, entonces yo pude vivir y sentir la exclusión que estas personas viven en instituciones educativas. Ver que eso impacta en un pequeñito, pues es algo muy triste, muy lamentable”, compartió.
El autismo es una condición profunda y compleja que requiere de diversos niveles de análisis para su identificación y correcto acompañamiento psicológico porque es un espectro en el que existen muchas formas de manifestación. Los tres rasgos generales que identifican a las personas autistas son la diversidad del lenguaje y los procesos comunicativos, diversidad en los rangos sensoriales y la presencia de intereses profundos hacia temas particulares.
Estos rasgos se manifiestan de manera diferente en cada persona, por ello la Lic. Mary Carmen reconoce que no podemos generalizar las experiencias que atraviesan: “cada caso me marca, cada paciente, cada familia que atiendo, la verdad es que son personas que han dejado algo en mí y que yo reconozco que en este proceso yo también soy alguien que aprende y que recibe muchas cosas de esas personas”, comentó.
Uno de los mayores desafíos a los que se ha enfrentado el proyecto es la falta de recursos que se tiene para atender a las personas que solicitan los servicios, pues a veces las terapias requieren herramientas que algunas familias no pueden costear. Aunado a la poca visibilidad y sensibilización que existe sobre el tema, el acceso a un acompañamiento adecuado se complica. A pesar de ello, continúa trabajando para buscar más espacios de difusión y apoyo.
Una de las cosas que Mary Carmen considera fundamental para consolidación del proyecto es que se cuestione la manera en la se percibe a la población autista en los entornos cotidianos, que se reconozca que hay una diversidad de mentes que merecen respeto. “A todos nos toca empezar a formarnos en valores, en ciudadanía. Que no es algo sencillo, y que al final uno incluso depende de muchas otras cosas. Pero que al final, si empezamos a empaparnos de estos temas, todos podemos poner un granito. Y que pronto esta sociedad respetuosa sea una verdad, una realidad”, finalizó.