Con información y fotografía de Secretaría de Investigación, Innovación y Posgrado UAQ, Mtra. Dulce Gabriela Barrera Aguirre
En Cadereyta, un grupo de mujeres aprendió a fabricar ecoblocks con una bloquera hidráulica y, en el camino, cambió su manera de entender la sustentabilidad.
Al principio había incertidumbre. Manejar una bloquera hidráulica y fabricar ecoblocks son tareas que tradicionalmente se han considerado masculinas, y aun así un grupo de mujeres de la comunidad de El Palmar, en el municipio de Cadereyta, decidió aprender a hacerlo. Poco a poco dejaron atrás las dudas y se apropiaron de conocimientos técnicos que durante mucho tiempo se mantuvieron lejos de ellas.

Ese camino quedó documentado como un proceso de enseñanza-aprendizaje para la sustentabilidad. Las participantes hicieron cálculos, trabajaron el arneado, usaron la bloquera, construyeron, desmontaron los blocks y los pusieron a secar, incluido el secado en tarima. Cada etapa se desarrolló como parte de un esfuerzo colectivo, en el que el conocimiento técnico se fue construyendo a la par del diálogo comunitario y con el acompañamiento académico.

El resultado más destacado de este trabajo fue la creación de su propio laboratorio social, enfocado en la educación para la sustentabilidad: el laboratorio MILA, siglas de Mujeres Intensificando Lazos Afectivos. Más que un espacio para producir ecoblocks, MILA es el lugar donde las mujeres de El Palmar aprendieron, dialogaron y construyeron juntas.
Para las integrantes del laboratorio, la experiencia transformó el significado de la palabra sustentabilidad. Igual que la fabricación de un ecoblock, hoy la entienden como un proceso paciente, colectivo y paulatino, que va transformando la infraestructura local y, al mismo tiempo, impulsa el tejido social y la autonomía.